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…eran tan distintas en esa igualdad de la amistad
inquebrantable! Nada más reunirse las tres y desaparecía el mundo, tragado en
esa esfera del destiempo con cánticos, risas y pláticas infinitas. Parecían
comunicarse telepáticamente para los encuentros siempre tan casuales en
cualquier lugar de la zona urbana e incluso, rural y a horas tan disímbolas.
Les apodaron “Las Raras”. Un mote en referencia a su
exclusión por voluntad propia, de las llamadas redes sociales, a las que eran
tan afectos de niños a ancianos del poblado de calles empedradas y casas de adobe
recubiertas con capas de cemento y cal, con techos a dos aguas de tejas rojizas.
¡A la vieja usanza de una arquitectura tradicional!
Contrasta el orgullo “tradicional” de los pobladores con su
adicción al avance tecnológico: Inmersos en pláticas en sus celulares y siempre
en busca del paraguas del wifi, la imprescindible tecnología de la comunicación
que podía ejemplificarse en el chiste de moda: “Compadres, cuándo hace el amor
¿le habla a la comadre?” con la sarcástica respuesta: “Si hay teléfono cerca,
sí le llamo”.
En la mesa del comedor, los jóvenes cucharean la sopa o
jalan un bocado con la mano derecha, sin descuidar un solo instante, su teléfono
inalámbrico de última generación y chatear sobre el descubrimiento de una
fotografía a color de tres mujeres menores a los treinta años, acomodadas pecho
tierra sobre el pasto del único parque sobreviviente de la ciudad, Acodadas para
sostener sus finas quijadas y con la lengua de fuera enmarcada por una mirada
pícara que, es indudable, ¡se burlan desde el pasado de los internet adictos
del presente!
La rubia oxigenada con blusa rosa, parece llevar el
liderazgo de la acompañante pelirroja con blusa morada a su mano izquierda y a
su lado, la regordeta de blusa y falda roja con su cabello de amarillo pálido. Se
intuye que mueven los pies tan rítmicamente como el vaivén de los árboles.
La luz que ilumina la gráfica es indicativa de la primavera,
aunque para “Las Raras”, cualquier momento es primaveral con alegría y energía
irradiada con esa maravillosa luz, característica de las mentes limpias y
despreocupadas al regirse bajo el principio ético de: “Si tu problema tiene
solución ¿de qué te preocupas? Y si no tiene solución ¿de que te preocupas?” Un
equilibrio para cumplir y hacer cumplir la Ley de Atracción, considerada por
los dogmáticos científicos como una “pseudo ciencia” sustentada en que los
pensamientos positivos atraen cosas, personas o situaciones positivas.
El descubridor de la foto, la envía a sus grupos y con vorágine
de sus dedos pregunta si alguien las conoce para reconstruir una historia
digital. A base de googlear la imagen empiezan aparecer las referencias
históricas de “Las Raras”. La foto es reciente. Cuando se buscaron y reencontraron
a los ochenta años en un parque parisino. Llegaron con la misma ropa que
lucieron cincuenta años antes, en su pueblo natal.
Intercambiaron recuerdos de esos años que abandonaron en
secreto, a principio de agosto de 1969 para seguir su juvenil rebeldía hacia la
libertad de Nueva York, simbolizada por el Festival de Música y Arte de
Woodstock con 32 bandas y solistas, encabezadas por el icónico Creedence
Clearwater Revival, engañados de que serían tres días de música gratuita y que
representó un mega negocio con más del medio millón de asistentes con boleto
¡pagado!
Tres días, del 15 al 18 de agosto en que, los medios de comunicación
como empresas conservadoras, destacaron el “reventón” de sexo y drogas,
magnificadas en una de las tres muertes por sobredosis heroína y las versiones
no confirmadas de nacimientos no confirmados en el festival.
¡Historias reales o ficticias! Y en el caso de Las Raras,
que se conceptualizarían como “fresas” en los setenta, les impidió regresar a su
pueblo paradisiaco y evitar así, la condena social con el riesgo de
linchamiento” al puro estilo magdaleniano. Cada una escogió un punto de destino
distintos, aunque unidos por el mismo cielo europeo. Y se pensaron y están
aquí, reunidas, muertas de risa por haber huido y aunque los familiares
tuvieron la intensión de ir a buscarlas, el temor al “qué dirán” los vecinos
que las vieron en las escandalosas fotografías del festival musical neoyorquino.
Y ellas, raramente se burlaban ahora y aquí, fuera del
tiempo y el espacio, como era su costumbre ¿desde que nacieron? ¡Seguramente! Se
conocieron en el cunero y fortalecieron su amistad desde esas gateadas con
risas sonoras. Las misma que resuena con alegría y su mensaje de que la vida es
una y ¡merece vivirse! ¿Ellos, sus paisanos? Atrapados en la adición
tecnológica con férreos dogmas deontológicos.
Tuxtla Gutiérrez,
Chiapas, México, 2 de abril del 2025.