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viernes, 12 de diciembre de 2025

En el 494 Aniversario de las Apariciones © (video)

Arcano Político


Mario Luis Altuzar Suárez
Arcano Radio

Se abre las Cuarta Puerta Energética del año, en el 494 Aniversario de las Apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe en el Cerro del Teepeyac, a 80 kilómetros al Norte del Zócalo de Ciudad de México, en donde se veneraba a Nuestra Señora Tonantzin, la Diosa Madre que bajaba del cielo cada 12 de diciembre, para reunirse con sus hijos.

Agobiados por la agresiva ofensiva de la Legión Extranjera que asaltaron el Palacio el 1 de diciembre de 2018, coincide con el rayo de esperanza por el Premio Nobel de la Paz a la lideresa de la resistencia venezolana, María Corina Machado,

jueves, 11 de diciembre de 2025

La extracción de María Corina

Arcano Literario


𝓕𝓲𝓬𝓬𝓲ó𝓷 𝓵𝓲𝓽𝓮𝓻𝓪𝓻𝓲𝓪 𝓹𝓻𝓸𝓭𝓾𝓬𝓲𝓭𝓪 𝓬𝓸𝓷 𝓵𝓪𝓼 𝓿𝓮𝓻𝓼𝓲𝓸𝓷𝓮𝓼 𝓭𝓮 𝓵𝓪 𝓹𝓻𝓮𝓷𝓼𝓪 𝓲𝓷𝓽𝓮𝓻𝓷𝓪𝓬𝓲𝓸𝓷𝓪𝓵 𝓶á𝓼 𝓪𝓬𝓻𝓮𝓭𝓲𝓽𝓪𝓭𝓪.

Olinto Méndez Cuevas
Creador digital

Nadie lo supo entonces —y nadie debía saberlo—, pero María Corina Machado llevaba semanas escondida en un ala desocupada de la embajada norteamericana en Caracas. Un cuarto sin ventanas, con el aire acondicionado al mínimo para no llamar la atención térmica, donde apenas dormía y apenas comía. La vigilancia digital de la dictadura era tan obsesiva que los propios agentes de la CIA habían ordenado que no se encendieran luces, no se usaran teléfonos y no se caminaran los pasillos exteriores después del anochecer.

La noche decisiva llegó sin anuncio. Un oficial norteamericano abrió la puerta y dijo simplemente:

—Es ahora.

Dos agentes, vestidos como técnicos de la embajada, la escoltaron por un corredor lateral que conectaba con el estacionamiento. En el sótano los esperaba un vehículo sin placas, un sedán gris anodino, idéntico a los que usa cualquier burócrata bolivariano. Al cerrar la puerta, María Corina sintió que el pulso le golpeaba el cuello como una advertencia. El agente que conducía encendió el motor sin mirar atrás:

—Tenemos nueve minutos para salir sin que lo noten.

Atravesaron el este de la ciudad por calles secundarias, evitando los túneles, los peajes internos, las cámaras. Cruzaron Petare por la madrugada, cuando incluso los delincuentes duermen. Media hora más tarde descendían por una trocha oculta hacia una playa de embarque en Miranda, un arenal apenas iluminado por la luz pálida de la luna. Allí los esperaba un bote pequeño, de fibra, con dos motores y un piloto que no hablaba español.

—Primera fase —dijo el agente—. Desde aquí navegamos sin luces hasta Falcón.

El mar estaba en calma. Nadie habló durante las cuatro horas que tomó cruzar la franja costera desde Oriente hacia Occidente. Solo el viento, el ronroneo del motor a bajas revoluciones y la sombra oscura del litoral venezolano acompañaron la travesía. A la altura de Tucacas, el piloto apagó los motores y dejó que la corriente los acercara silenciosamente hasta una playa cercana a Chichiriviche. Allí, ocultos entre los manglares, aguardaban tres camionetas.

Fue en ese punto donde comenzó la segunda fase: los señuelos.

En la primera camioneta viajaba una mujer de contextura similar a María Corina, con una manta cubriéndole la cabeza. La enviaron por la carretera Morón–San Felipe, donde la contrainteligencia solía ubicar retenes. La segunda siguió rumbo a Punto Fijo por la autopista costera, visible y deliberadamente lenta, como si transportara algo valioso. La tercera —la real, la que llevaba a María Corina— se internó por una vía agrícola en dirección a Sabana Larga, sin pasar por ningún punto de control.

La dictadura mordió el anzuelo. Drones, patrullas, vehículos tácticos y comandos encapuchados se lanzaron en persecución de los dos falsos blancos.

El tercero siguió su curso sin ser detectado.

A las tres de la madrugada, ya en Sabana Larga, la esperaba una lancha militar de Estados Unidos, pintada en gris mate, con el casco blindado contra ráfagas de calibre medio. Era un modelo Mark VI, habitual para operaciones costeras de baja firma. Tres marines la recibieron con un saludo sobrio.

—A partir de aquí, está usted bajo nuestra protección —dijo el jefe de equipo—. Próxima parada: aguas internacionales.

La lancha avanzó a toda potencia mar adentro. A los quince minutos, las luces del litoral se perdieron detrás de la curvatura de la costa. Fue entonces cuando escuchó el rugido distante, grave, que surgía desde el cielo. Dos aviones de combate —F/A-18 del Pentágono— patrullaban en círculos amplios, invisibles para el radar venezolano pero perfectamente conscientes de cualquier alteración en el espacio aéreo o marítimo.

Era una operación quirúrgica. Sin margen de error.

Pero el mar, caprichoso incluso en las noches más dóciles, cambió de humor. Vientos repentinos procedentes del noreste levantaron olas de casi dos metros, lo suficiente para que la lancha comenzara a golpear contra el oleaje como si fuera una lata. Uno de los motores falló. El jefe de equipo evaluó la situación: a ese ritmo no alcanzarían la zona de encuentro.

—Pediremos extracción vertical —dijo por radio.

El helicóptero apareció veinte minutos después, un NH90 de la Guardia Costera del Reino de los Países Bajos, enviado desde Curaçao. Descendió sobre el mar negro con una precisión casi irreal, iluminando la lancha con un haz tenue que se apagaba y encendía para evitar ser detectado desde el continente.

El mar estaba demasiado bravo para una operación limpia. El cable de rescate oscilaba peligrosamente, golpeado por ráfagas. Dos marines sujetaron a María Corina por las axilas y la aproximaron al punto exacto. Ella se aferró al arnés sin pestañear.

—Vamos —gritó el marine.

La izaron lentamente, mientras la lancha subía y bajaba como un animal herido. En el aire, el viento la zarandeó, haciéndola girar sobre sí misma. Pero el operador del helicóptero mantuvo el pulso firme. En cuestión de segundos la subieron a bordo.

El ruido del rotor era ensordecedor. Uno de los rescatistas neerlandeses le colocó una manta térmica sobre los hombros.

—Bienvenida a cielo seguro —le dijo en inglés—. Rumbo a Curaçao.

Cuarenta minutos después, ya en la base aérea de Hato, comprendió que estaba a salvo. El mar quedaba atrás, junto con un país que la necesitaba pero que no podía protegerla.

Apenas bajó del helicóptero, un oficial neerlandés extendió la mano.

—Ha sido una operación compleja —dijo—, pero usted llegó. Eso es lo importante.

María Corina respiró hondo. Había atravesado la oscuridad, el miedo, la clandestinidad y la furia del mar.

La esperanza —pensó— también tiene sus propias rutas de escape.

“Llegó exhausta, empapada, pero en control absoluto de sí misma”, relató un testigo que estuvo en el hangar.

El silencio oficial

Ni el gobierno venezolano ni sus cuerpos de seguridad han ofrecido una versión detallada de lo ocurrido.

Sin embargo, las fuentes consultadas coinciden en que hubo desconcierto en las primeras horas de la madrugada.

Movimientos desordenados en bases de Paraguaná, llamadas urgentes entre altos mandos y un cierre parcial de comunicaciones marítimas sugieren que la extracción los tomó por sorpresa.

jueves, 4 de septiembre de 2025

Nuevo libro del Poeta Mayor Roberto López Moreno en Chiapanecada (Video)

 Arcano Literario


De la Mesa de Redacción
Arcano Radio

Promesa cumplida. Presenta su libro "El Coronel... la Carta...", el Poeta Mayor Roberto López Moreno. ¿Qué relación con el "Coronel no tiene quien le escriba"? Lectura y razones e inspiraciones de cada uno de los cuentiensayos, en donde destacan chiuapanecos “desconocidos” por los caciques culturales.


viernes, 11 de diciembre de 2020

Caminan 270 millones de personas hacia la inanición

David Beasley, el director ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos, visita Saná, en Yemen, donde se vive la peor hambruna del mundo. PMA / Marco Frattini

*Premio Nobel al Programa Mundial de Alimentos: La comida es la senda que conduce a la paz*

De la mesa de redacción
De nuestra asociada RNU

Si no atendemos las necesidades de los más hambrientos puede llegar a producirse una pandemia de hambre de dimensiones más grandes que la de la COVID-19, alerta la agencia humanitaria de la ONU. Según sus estimaciones, 270 millones de personas, una cifra superior a toda la población de Europa occidental, “caminan hacia la inanición” en este momento.

Más que un reconocimiento, la concesión del Premio Nobel de la paz al Programa Mundial de Alimentos (PMA) representa un llamamiento a la acción para atender las necesidades de los casi 300 millones de personas en el mundo que necesitan comida urgentemente, afirmó este jueves el director ejecutivo de la agencia humanitaria, David Beasley, en su discurso de aceptación del galardón.

“Hoy quisiera poder hablar de cómo trabajando juntos podríamos acabar con el hambre mundial para los 690 millones de personas que se acuestan con hambre todas las noches. Pero hoy nos enfrentamos a una crisis”, advirtió.

“A causa de tantas guerras, el cambio climático, el uso generalizado del hambre como arma política y militar, y una pandemia de salud mundial que empeora de manera exponencial, 270 millones de personas caminan hacia la inanición. Si no se atienden sus necesidades, se producirá una pandemia de hambre que empequeñecerá el impacto de la COVID-19”, indicó.

Millones de personas a un paso de la hambruna

Tras recordar la hambruna que mató al 90% de la población de Roma el año 400 y preguntarse si ésta fue la causa del derrumbe del imperio romano, señaló que es difícil de imaginar despertarse en un mundo “rico, moderno y tecnológicamente avanzado” y estar pasando una hambruna similar.

“Pero mi trágico deber hoy es decirles: la hambruna está llamando a las puertas de la humanidad.  Para millones y millones de personas en la Tierra. Si no se evita, se destruirán muchas vidas y causará la desaparición de muchas cosas que apreciamos”, avisó.

Beasley explicó que el éxito del Programa Mundial de Alimentos se fundamenta en dos ejes: que la comida es algo sagrado y que su actuación es un acto de amor. Con relación a este último punto recordó que el doctor Martin Luther King, Premio Nobel de la paz en 1964, dijo que "el amor es la fuerza más duradera del mundo".

“La comida es sagrada. Lo sabe cualquier persona que asista a una comida de Acción de Gracias o de vacaciones, o haya comulgado, asistido a un Séder, ayunado durante el Ramadán o hecho una ofrenda de comida en un templo budista”, destacó.

5000 millones de dólares para salvar a 30 millones de personas

Sin embargó, destacó la paradoja que representa, por un lado, haber logrado durante un siglo grandes avances en la eliminación de la pobreza extrema para ahora encontrarse con 270 millones de personas al borde de la inanición; y, por otro lado, que la riqueza mundial ascienda a 400 billones de dólares.

“Incluso en el punto álgido de la pandemia de COVID, en sólo 90 días, se generaron ganancias extras de 2,7 billones de dólares. Y sólo necesitamos 5000 millones de dólares para salvar de la hambruna a 30 millones de personas”, señaló.

Después de confesar que muchas amistades y líderes de todo el planeta le dicen que tiene el mejor trabajo del mundo, ya que le permite salvar millones de vidas, reveló la respuesta que les da.

"De noche no me voy a la cama pensando en los niños que salvamos, me voy a la cama llorando por los niños que no pudimos salvar. Y, cuando no tenemos suficiente dinero, ni el acceso que necesitamos, tenemos que decidir qué niños comen y qué niños no comen, qué niños viven, qué niños mueren.  ¿Qué te parecería hacer ese trabajo?", reveló.

Beasley pidió a todo el mundo que no le hagan escoger entre quién vive y quién muere e, invocando al espíritu del fundador del premio, Alfred Nobel, pidió alimentos para todos.

“La comida es el camino que conduce a la paz”, finalizó.

El pasado 9 de octubre el Comité Noruego del Nobel concedió el galardón al Programa Mundial de Alimentos “por sus esfuerzos en la lucha contra el hambre, por su contribución a la mejora de las condiciones de paz en las zonas afectadas por conflictos y por su actuación como elemento impulsor en la prevención del uso del hambre como arma de guerra y de conflicto”.