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… qué manera de alcanzar la inmortalidad! Un instante tan
breve. En ese movimiento efímero. La sonrisa cristalina. Chapoteando en el agua
de North Beach. Las manos reciben la bendición del cielo. ¡Esa es la felicidad
tan anhelada!... tan ignorada por su paso vertiginoso. Tan normalizada en su inexistencia
por su repetición sistemática a cada segundo. Encarcelados en la eterna
paradoja de ¡vivir para ser feliz sin entender que se es feliz por el solo
hecho de vivir!
La eterna brevedad es capturada por "The Picture
Man" bautizado como Bettmann, y con
el mote del agua bautismal de Otto Ludwig Bettmann, un refugiado judío alemán
que huye en 1933 de los nazis en su natal Leipzig, Alemania a la Libertad de
Nueva York, por lo menos desde 1886 en que se inauguró en la Isla Ellis en Jersey
City, la estatua de 93 metros de altura del escultor francés Frédéric Auguste
Bartholdi y que era conocido como Amilcar Hasenfratz y el arquitecto Richard
Morris Hunt de Brattleboro, Vermont, Estados Unidos.
El diafragma de la cámara es preciso al registrar a tres dominicas
que brincan en el agua de la playa de que acaricia al Monasterio de Corpus
Christi, fundado en 1891, el más antiguo de los Estados Unidos. Sin embargo, es
apenas una rama del Monasterio de Notre-Dame-de-Prouille, el primer monasterio
de monjas fundado en Francia en 1206 por el español Domingo de Guzmán.
¡Era muy inquieto el padre de los dominicos! Bueno, víctima
de las santas envidias y conspiraciones clericales. Aunque fueron más fuertes
la leyenda de su poder taumatúrgico. Trasciende su ejemplo en la orden de
dominicos que fundan el 29 de julio de 1556 la Ciudad de Comitán por el
misionero Diego Tinoco y un grupo de indígenas tojolabales, los del "discurso
recto" o, bien, "palabra que se escucha sin engaños". ¡Revive! En
1625, al convertirse en Vicaría, el poblado cambia de nombre a Santo Domingo de
Comitán.
Lazos del tiempo que perduran en la imagen de la historia y…
¡se inmortalizan! Como este instante de tres dominicas que ríen como niñas sin
importar la edad, al disfrutar el suave oleaje al otro lado del Río Hudson, que
traspasa los hábitos. La piel sonrosada del rostro por las caricias del viento.
La calidez del momento por los rayos del sol. ¡Tantos regalos gratis! Por lo
menos, hasta este maravilloso momento que años después, ya no vieron y por lo
mismo no lo supieron, que el nacido en el Jamaica Hospital Medical Center de
Nueva York, se frota su anaranjado peluquín naranja viendo como despojar al
mundo de su dinero, y con el resentimiento, ese que le acompañará hasta su muerte,
de no poder disfrutar sus escasos 8 mil millones de dólares, acumulados con la
evasión fiscal, es decir delinquiendo, en casinos y otros negocios de certera
criminalidad, tan insuficientes a los 359 mil 500 Millones de dólares de su
empleado texano Elon Musk.
¡Ah, si la envidia fuera tiña!, decían los abuelos. Mejor,
sigamos el magnífico ejemplo de las mujeres de negro y ¡seamos felices! Sobre
todo, hagamos feliz al entorno con nuestra sonrisa, nuestro amor y respeto en
la diversidad y fortalezcamos la esencia del ser como el eje de nuestra armonía
y tolerancia, a cada instante, y no caigamos en la trampa del apartheid de dar
y darnos solamente un día, a la mujer, al niño, a la madre al… No somos seres de
un solo día, somos eternos porque ¡somos inmortales! Así lo miro en esas
dominicas.
Tuxtla
Gutiérrez, Chiapas, México, 5 de marzo de 2025.
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