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...hay indicios muy claros. ¡Imposible negarlos!", expresa a un grupo de quince turistas. un hombre de complexión delgada en su metro setenta y tres de altura, cabello entrecano, al observar en la orilla de la considera puerta de Xibalbá, esa misteriosa residencia de las almas en los nueve inframundos de los Mayas en el Noroeste de la Península de Yucatán.
Una mujer de unos setenta años, cabello corto castaño, de un metro sesenta y cinco en su cuerpo muy delgado, destaca su acento español al preguntar: "Perdón. Debí perderme de algo. No entiendo eso de los indicios muy claros porque, definitivamente no están muy claros para mí" y escucha la respuesta:
-"Antes de llegar a la boca del cráter, les comenté que nada es casual en la vida: Cada uno de los elementos de lo cotidiano, los encuentros esporádicos o constantes con las personas desde la infancia y hasta la muerte, ¡todo está interconectado! Hasta hay momentos en que creemos en déjà vu de eventos que ¡creemos haberlos vivido!", aspira profundo y prosigue:
-"Lo que podría parecernos una 'codificación' en términos del Tercer Milenio de la era digital, lo entendieron los griegos como 'metempsicosis ', muy ajena al reduccionismo de la reencarnación, y con la profundidad del principio socrático de la reminiscencia en que conoceremos lo que recordamos y ¿qué recordamos? ¡Simple y llanamente las vidas pasadas!".
Pulsa el interés de su selecto auditorio y explica: "Vemos: Sabemos que vivimos en la Tercera Dimensión porque la percepción de la vibración del entorno se sustenta en tres medidas: Alto, largo y profundidad. Entonces, nuestra realidad se sustenta en el tres y por ello, cada uno de nosotros somos tres en uno, a saber, cuerpo material, alma que anima a esa masa corporal y Espíritu, ubicada de uno a tres metros de la cabeza y conectado con la Energía Cósmica. Cuando la materia concluye su ciclo, se traspasa el alma con el espíritu a otra, lo que se llama: Metempsicosis".
Añade: "Así como los griegos "conocieron" el código de la materia, agua, viento tierra y fuego con el intangible cohesionador del ánima, y que los dogmáticos de la ciencia reconocieron ese principio descubrimiento de la nucleína por el suizo Friedrich Miescher en 1869 y en 1953 los estadounidenses James Dewey Watson y Francis Harry Compton Crick descubrieron la estructura de doble hélice del ADN, gracias a la investigación en 1952, de Rayos equis de Rosalind Franklin y Raymond Gosling".
Precisa: "Sin embargo, los círculos concéntricos del poder nos intentan despojar de nuestro conocimiento acumulado para condicionarnos como hombres masa tan robotizados para solamente consumir lo que se nos indica. ¡Nos despojan del pensamiento libre y el razonamiento autónomo! Más, existen indicios que pueden conducirnos a recordar para comprender el presente que nos tocó vivir".
Surge la pregunta de un joven de quince años, con audífonos que le aíslan en el sonido de su música: "¿Cómo distinguir esos indicios? Es importante porque pueden protegerme de repetir errores amorosos y decepcionantes", y se ríe. El interrogado pregunta: "¿puedo conocer su apellido?" Y escucha: "¡No me va a reportar con mis maestros que me ordenaron este viaje como tarea!" Le explica que es para mostrar un ejemplo de esos indicios y escucha el apellido Lacave. Queda pensativo y comenta:
-"Interesante. Muy interesante. Un apellido del país vasco al Norte de España que se entiende como un lugar de abedules y por sus primeros registros, por allá del Siglo Quince llegó al país Vasco un señor Juan que provenía de Europa del Norte, posiblemente de Rusia por lo que le identificaron como el originario del Lugar de los Abedules. Dicho de otra forma, en sus vidas pasadas se ubicó en Rusia, posiblemente, en otra fue un lugar intermedio con el País Vasco y de allí, a su lugar de residencia actual".
Eufórico, indica: "Ahora veamos otro indicio: El lugar en donde estamos. Según el dogma científico de 1981 del fallecido físico estadounidense Luis W. Álvarez y su hijo, el geólogo Walter Álvarez,, estamos en la orilla de un cráter de 200 kilómetros de diámetro, producto del impacto de un asteroide hace unos 65 millones de años, y que exterminó la Era de los Dinosaurios. Aunque el cráter fue descubierto a finales de la década de 1970, por Antonio Camargo Zanoguera, Glen Penfield y colaboradores, contratados por el PEMEX de la fallida abundancia".
Señala que "la zona, con epicentro de en el poblado de Chicxulub Puerto, Yucatán, era sagrada para los Mayas. Ubicaron los nueve inframundos de Xibalbá, en donde van las almas de los muertos. ¿Qué vieron qué les llevó a mitificarlo? Recordemos que la tradición boca-oído de los antiguos mexicanos, por ejemplo, recogen la tradición de que la Madre Tonatzin bajaba del ciclo a convivir con los aztecas y otras culturas.".
Mira al horizonte, aspira profundo y en voz baja, prosigue: "Además, los exploradores del cráter murieron de cáncer que, se sospecha, fue causado por un contacto radioactivo. Un elemento que no lleva a recordar que los cenotes eran sagrados para los Mayas. Hay un círculo de seis mil interconectados en el lugar. Es como si una desconocida ingeniería hubiese construido un sistema natural de enfriamiento para la tierra. Curiosamente, al mismo tiempo que se deforestó con siete millones de árboles la selva y se destruyeron los cenotes para un fallido tren, organismos internacionales se preocupan por el calentamiento global".
Se pregunta así mismo: "¿Cuál sería la interconexión con la mayoría de nuestros visitantes? Son de las Islas Canarias que se formaron por actividad volcánica submarina asociada a un “punto caliente” bajo la placa africana, hace 70 millones de años. Y estiman que el cráter de Chicxulub fue hace 65 millones de años. Eventos muy cercanos en el tiempo y distantes en la geografía. Cómo si algo nos indicará que algo debemos hacer en forma personal en lo que podría entenderse como la Consumación de los Tiempos".
Se escucha una voz infantil: "¡Ya hace hambre! ¡Vamos a buscar qué comer!" Y retoman alegres la convivencia turística.
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