Arcano Literario
De la Mesa de RedacciónArcano Radio
Participa el escritor y periodista mexicano, Mario Luis Altuzar Suárez. Premio UNESCO de Literatura, con el cuento Disparatado © y la Oda Horaciana: Crurofilia ©, en el Programa Eróticamente Tuya que conduce desde Mexicali, Estrella María (Lucila García Vázquez), en la plataforma Escritores Latinoamericanos, dirigida desde Lima, Perú, por el poeta peruano Luis Mantilla Luman
Disparatado ©Mario Luis Altuzar Suárez
...simplemente ¡impresionante! Qué manera de ondular la cabellera negra. Tejer los espacios con los dedos en la pelambrera, en forma suave, delicada y muy despacito, del frontal derecho, separandola de la mitad del rostro con esa mirada de fuego armonizada con labios húmedos y, desciende, baja en forma exquisita hasta la punta que muestra la cintura breve. Imposible detener el viaje de la mirada a unos veinte metros de distancia, y aumentar los sentimientos al nivel de la explosión con esa falda roja y abertura del muslo derecho a la cintura.
Cómo una ola, se mueve la sensual cabellera con el movimiento leve de cabeza de izquierda a derecha. La penumbra impide precisar la imagen de la tersura de la piel en el cuello. Lo que aumenta la vibración sanguínea. ¿Qué? ¡No lo puedo creer! Levanta su copa y extiende su brazo derecho hacia mi y los labios gesticulan ¡salud! a la distancia. No es que esté desacostumbrado a los coqueteos femeninos. La diferencia es la hermosura desbordante de su cara afilada. En su metro sesenta y cinco se distribuyen las medidas perfectas. Lo mejor: ¡Se dirige a mí! Lo que jamás me había pasado: ¡Me hizo un manojo de nervios!
Tomo la copa larga con champaña y le respondo a su brindis. Me levanto de la silla alta del bar y me dirijo a ella que muestra una pícara sonrisa mientras acomoda la melena sobre la parte del frente de la blusa negra de encaje. Me encorvo. Tomo sus manos con dedos delgados y uñas rojas muy largas para llevar a mi boca y depositar un beso en el dorso. ¡Parece estremecer su geografía corporal! ¿Será por aquello de la química? Esas feromonas que se soltaron de su cuero cabelludo y volaron al ondear los cabellos con el tejido de sus dedos.
Mientras intercambiamos los códigos sociales en las primeras frases de reconocimiento, sentado frente a una representación divina de Ixchel, aunque los clásicos preferirían a una Afrodita y los más estrictos a una Venus, me imagino recostado boca abajo en la cama king-size o lo que decía una amiga, "una cama de tres vueltas", y ella, montada sobre mi cintura y se inclina para electrizar mi cuerpo con la punta de sus cabellos en mi espalda. Imposible dejar de mirarme en la profundidad de sus ojos mientras sueño y disfrutar ¡estos pensamientos húmedos! Lo bueno es la semioscuridad del lugar.
Un momento sorpresivo. Seguramente por ello proscribieron el cabello suelto y visible ¡en todas las religiones! Un apéndice de la piel con capacidad para evocar misterio, sofisticación y sobre todo, ese magnetismo transmitido por el viento, pone en desventaja al género masculino. Lo proyecta el apóstol Pablo que en 1 Corintios 11:2-16, señala: "Porque si la mujer no se cubre, que se corte también el cabello; y si le es vergonzoso a la mujer cortarse el cabello o raparse, que se cubra. Porque el varón no debe cubrirse la cabeza, pues él es imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón". ¡Se siente el miedo a la poderosa arma femenina de sometimiento!
Aunque hay otros, como los musulmanes exponen su extrema debilidad al ordenar ocultar esa extensión de la piel con el hiyab, bajo la manipulación discursiva de supuesta modestia, con elementos de aparente higiene y, sobre todo, devoción mística. ¡Y se fueron al extremo de encarcelar a la mujer en el burka! Cuántos crímenes se cometen en el fondo de los miedos patriarcales que les ¡conduce a la castración de disfrutar la convivencia con la materia creada por la Divinidad, como le llamen!
Al aspirar profundamente su perfume, transmitido por su pelo en mi nariz, cierro los ojos para sentirla sin tocarla, y agradecer al Concilio Vaticano II que "liberara" en 1960 del velo al cabello y que en 1983, en la promulgación del nuevo Código de Derecho Canónico, se omitiera por completo la obligación de cubrir la cabeza al ingresar a una iglesia. ¡Tantos siglos de sufrir la segregación!
Después de cinco tragos, regreso de mis fantasías sensuales al escuchar su voz cadenciosa y armonizada con el ondular de la melena:
-¿Y bien? ¿Qué hacemos?
Me presenta una tarifa por hora y los servicios recibidos que, ¡oh, Dios!, si fuese hombre, bueno un hombre de unos treinta años menos, ¡hasta le duplico la tarifa! ¿A mis setenta? ¡Sería todo un desperdicio! Para los dos. Y con un suspiro, escucho los acordes románticos del piano y los violines que ¡me parecieron exequias!
Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México, 26 de septiembre del 2026.
Arcano LiterárioContoAbsurdo ©Mario Luis Altuzar Suárez
...simplesmente impressionante! Que maneira de ondular a cabeleira negra. Tecer os espaços com os dedos na cabeleira, de forma suave, delicada e bem devagar, a partir da parte frontal direita, separando-a do meio do rosto com aquele olhar ardente em harmonia com os lábios úmidos e, descendo, desce de forma requintada até a ponta que revela a cintura curta. É impossível conter a viagem do olhar a cerca de vinte metros de distância, e elevar as emoções ao nível de uma explosão com aquela saia vermelha e a abertura da coxa direita até a cintura.
Como uma onda, a cabeleira sensual se move com o leve movimento da cabeça da esquerda para a direita. A penumbra impede que se distinga com precisão a suavidade da pele no pescoço. O que intensifica a vibração sanguínea. O quê? Não acredito! Ela levanta a taça e estende o braço direito na minha direção, e os lábios gesticulam “saúde!” à distância. Não é que eu não esteja acostumado com as investidas femininas. A diferença é a beleza transbordante de seu rosto bem delineado. Em seus 1,65 m distribuem-se as medidas perfeitas. O melhor: ela está se dirigindo a mim! Algo que nunca tinha acontecido comigo: ela me deixou um monte de nervos!
Pego a taça alta de champanhe e respondo ao seu brinde. Levanto-me da cadeira alta do bar e dirijo-me a ela, que exibe um sorriso malicioso enquanto arruma os cabelos sobre a parte da frente da blusa preta de renda. Inclino-me. Pego suas mãos, com dedos finos e unhas vermelhas bem compridas, para levá-las à minha boca e depositar um beijo no dorso. Parece que seu corpo todo estremece! Será por causa daquela química? Aquelas feromonas que se soltaram do couro cabeludo dela e voaram ao balançar os cabelos entre os dedos dela.
Enquanto trocamos os códigos sociais nas primeiras frases de apresentação, sentado diante de uma representação divina de Ixchel — embora os clássicos preferissem uma Afrodite e os mais rigorosos, uma Vênus —, imagino-me deitado de bruços na cama king-size ou, como dizia uma amiga, “uma cama de três voltas”, e ela, montada sobre minha cintura, inclinando-se para eletrizar meu corpo com as pontas de seus cabelos em minhas costas. Impossível deixar de me olhar na profundidade de seus olhos enquanto sonho e desfruto desses pensamentos sensuais! O bom é a semiescuridão do lugar.
Um momento surpreendente. Certamente foi por isso que proibiram o cabelo solto e visível em todas as religiões! Um apêndice da pele capaz de evocar mistério, sofisticação e, acima de tudo, aquele magnetismo transmitido pelo vento, coloca o gênero masculino em desvantagem. Isso é refletido pelo apóstolo Paulo, que em 1 Coríntios 11:2-16 afirma: “Pois, se a mulher não se cobre, que corte também o cabelo; e, se for vergonhoso para a mulher cortar o cabelo ou rapar a cabeça, que se cubra. Pois o homem não deve cobrir a cabeça, pois ele é imagem e glória de Deus; mas a mulher é glória do homem”. Percebe-se o medo da poderosa arma feminina de subjugação!
Embora haja outros, como os muçulmanos, que expõem sua extrema fraqueza ao ordenar que se oculte essa extensão de pele com o hijab, sob a manipulação discursiva de uma suposta modéstia, com elementos de aparente higiene e, sobretudo, devoção mística. E chegaram ao extremo de aprisionar a mulher na burca! Quantos crimes são cometidos no fundo dos medos patriarcais que os levam à castração de desfrutar da convivência com a matéria criada pela Divindade, seja qual for o nome que lhe dêm!
Ao inspirar profundamente seu perfume, que seu cabelo traz até meu nariz, fecho os olhos para senti-la sem tocá-la e agradeço ao Concílio Vaticano II por ter “libertado” os cabelos do véu em 1960 e por, em 1983, na promulgação do novo Código de Direito Canônico, ter omitido completamente a obrigação de cobrir a cabeça ao entrar em uma igreja. Tantos séculos sofrendo com a segregação!
Depois de cinco drinques, volto das minhas fantasias sensuais ao ouvir sua voz cadenciada e em harmonia com o balançar da cabeleira:
— E então? O que fazemos?
Ela me apresenta uma tarifa por hora e os serviços oferecidos que, oh, meu Deus!, se eu fosse homem, bem, um homem uns trinta anos mais novo, eu até dobraria a tarifa! Pela minha idade? Seria um verdadeiro desperdício! Para nós dois. E, com um suspiro, ouço os acordes românticos do piano e dos violinos que me pareceram uma cerimônia fúnebre!
Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México, 26 de setembro de 2026.
Traduzido com a versão gratuita do tradutor - DeepL.com
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