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lunes, 26 de febrero de 2018

Por un mundo mejor


En las nubes


Carlos RAVELO GALINDO, afirma:


Los profesionales de las promesas
en 2018 de un mundo mejor.
Para llegar a un mundo mejor, nuestro tema, es justo hablar  de las virtudes, como medio de educación moral también  a los seis que pretenden presidir a los 120 millones de mexicanos.
Que en sus campañas  políticas, se ofenden, sin llegar a más.

Y a quienes elijan al que ocupe la silla en diciembre próximo.

Coincide con nosotros nuestro amigo el doctor Fernando Calderón Ramírez de Aguilar  en que las virtudes son disposiciones para hacer el bien. Son cualidades que se consideran buenas.

Estas prácticas se encuentran en todas las leyes y las religiones, pero sobresalen en el cristianismo. Pero como anillo al dedo a nuestro estado laico.

Se dividen en virtudes teologales (fe, esperanza y caridad) y en virtudes cardinales, humanas o morales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza).

Los profesionales de las promesas incumplidas
en 2012 de un mundo mejor.
Las virtudes cardinales son hábitos que se adquieren para disponer al entendimiento y la voluntad para obrar según el juicio de la razón iluminada por la fe para que esta escoja los medios más adecuados al fin natural del hombre. Las virtudes cardinales no tienen, como las virtudes teologales, a Dios como fin mismo, sino al bien honesto.

Los pecados mortales o vicios capitales (soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza) son aquellas faltas a las que la naturaleza humana está principalmente inclinada.

Existen virtudes (humildad, generosidad, castidad, paciencia, templanza, caridad y diligencia) para afrontar la tentación de cometer alguno de los pecados capitales, puesto que se les contraponen. Constituyen así un modo posible de salvar el alma.

Todas las virtudes han sido analizadas desde la antigüedad, sobre todo por los griegos. Tenemos  grandes ejemplos en Platón y Aristóteles, así 5omo a Cicerón, Epicteto y  Marco Aurelio, que hacen suyo aquel dicho de que la palabra enseña, pero el ejemplo arrastra.

Mediante los conocimientos, habilidades, destrezas, disposición y voluntad necesarios para enseñar a que el joven asimile las virtudes, los padres y los educadores transmitirán lo que significan y su utilidad en la formación social para su vida futura. Así  se obtendrán resultados sociales inmejorables.

Un método excelente para lograrlo es la mayéutica socrática, al igual que lo es el método heurístico en donde a través de la información, el joven encuentre en donde está el mal y resuelva como corregirlo y hacer el bien.

No hay que olvidar el gran valor del método inductivo utilizado por la ciencia que va de lo particular a lo general y,  por qué no, también el método deductivo, que va de lo general a lo particular, como se puede apreciar en las historias del genial detective Sherlock Holmes escritas por Arthur Conan Doyle.


Naturalmente que existen otros métodos y técnicas que pueden resultar muy satisfactorios al aplicar los procedimientos didácticos más modernos al trabajar  en los niveles taxonómicos más altos posibles de las áreas cognoscitiva, psicomotora y afectiva.

En nuestro país no faltó un gobierno que tuviera como lema y objetivo la renovación moral de la sociedad. Desafortunadamente no lo logró, ya que no aplicó los métodos efectivos y necesarios.

Esto se debió a no  haberlo  hecho desde la edad escolar y no soltarlo así como así a la población general que en realidad no estaba preparada para aplicarlo, por lo que todo quedó sólo en una buena intención.

No es conveniente, ni mucho menos permisible, que en una sociedad exista el llamado analfabetismo moral.

Hace muchos años apareció una obra excelente de William J. Bennett intitulada Libro de las virtudes, que sería mejor llamarlo Manual del alfabetismo moral puesto que trataba de ayudar a resolver este problema. Muchos padres y mentores se preguntarán cual es la mejor forma de lograrlo.

Vamos a establecer sólo unas sugerencias y sólo eso, ya que cada quien debe emplear el método que mejor se adapte a sus posibilidades y necesidades.  Interrumpe don Fernando.

“Para mi es obvio que en la infancia lo primero que hay que hacer es limitar enormemente la televisión, el cine, los teléfonos celulares y las computadoras. Permitir  su utilización sólo para lo verdaderamente útil desde el punto de vista biopsicosocial y de acuerdo con la edad”. Subraya.

Para iniciar, la mejor herramienta que permite abordar el problema que significa el aprendizaje y aceptación de las virtudes es un método utilizado desde antaño: las historias y cuentos infantiles, así como las fábulas que contienen moraleja, máximas y analectas con fundamento.

Desde luego, hay que evitar cuentos de verdadero terror y guerra, sobre todo nuclear, que no conducen a nada. La fantasía exalta la imaginación y sobre todo es útil al futuro para la creatividad.

Estamos de acuerdo que no es fácil ayudarles a comprender y valorar estos rasgos dándoles sólo el material para su lectura. Es conveniente siempre acompañarlos, y enseñarles y leerles las historias que  poco a poco y a través del tiempo podrán  aumentar en complejidad.

Lo trágico ha sido que los avances de la ciencia y la tecnología que deberían facilitar la labor de crear una clara conciencia del bien y del mal no han sido utilizados en forma adecuada para estos fines.

El cine y la televisión no han cooperado como debieran para enaltecer las virtudes. Por el contrario, con sus formas rodeadas de corrupción, infidelidad, violencia y guerras, han invertido los valores.

No muestran paz sino guerra. Honradez sino inmoralidad. Amistad sino enemistad, Lealtad sino deslealtad. Bondad sino maldad. Perseverancia sino obstinación. Coraje sino cobardía. Y así podríamos seguir de forma interminable. Todo eso sólo ha servido para despreciar las virtudes.

Es obvio que es necesario y urgente resarcir nuestros valores a través de la educación y la instrucción pertinentes para la época en que vivimos. Desde luego, hay opiniones diferentes, las cuales hay que respetar, ya que cada cabeza es un mundo.

Habrá quien no lo acepte y lo vea desde otro punto de vista. Si obtiene mejores resultados, pues adelante. Una persona moralmente alfabeta,  formada desde su infancia, estará mejor preparada para la vida, y será más útil a su familia y a la sociedad que un analfabeto moral.

En un momento dado los ejemplos que se usarán podrán parecer simples, pero definitivamente no lo serán para un niño. No se trata de hacer un recetario ni un compendio de historias, sino de tomar sólo aquellas que transmitan lo que se desea, en la inteligencia de que, por supuesto, habrá otras quizá mejores.

Sólo recordemos que cualquier cosa que la mente reciba a esa edad puede volverse indeleble e inalterable y, por lo tanto, es sumamente importante que las historias que oigan o vean los infantes se conviertan en paradigmas de pensamientos virtuosos.

El libro del poeta latino Prudencio nos habla de un concepto llamado psicomaquia que consiste en que las virtudes humanas abstractas representadas por personas entablan una lucha contra los vicios también personificados.

Ya desde la Edad Media así se conceptuaba la lucha entre el bien y el mal.

La autodisciplina.


Es aquella pauta de conducta que una persona se impone voluntariamente sin ningún control exterior.  Es útil para dominar arrebatos, apetitos, pasiones e impulsos, ya que la incapacidad de lograrla causa mucha infelicidad y angustia en este mundo.

Es como una medicina que resulta difícil de tragar.

El verso Niños buenos, niños malos que forma parte de una obra de Robert Louis Stevenson titulada Jardín de versos para niños la ilustra: “Sed alegres y tranquilos y comed dieta sencilla: a pesar de las zozobras conservad vuestra inocencia. Más los rudos y los groseros y los que comen con gula no gozarán de la gloria, otra historia les espera. Los crueles y llorones sólo llegan a patanes y si alguna vez son tíos, ni sus sobrinos los quieren”.

Otros autores que pueden ayudar son:

Hilaire Belloc con tres poemas: Rebeca, Jim y El buitre.

Sor Juana Inés de la Cruz con Respuesta a Sor Filotea de la Cruz en donde ejemplifica singularmente cual fue la disciplina que una niña debió imponerse para estudiar en América en el siglo XVII.

James Baldwin con El señor vinagre y su fortuna, y El rey y su halcón, una historia sobre Genghis Khan de cómo su azoro no lo deja beber agua varias veces y el rey enojado lo mata y descubre que la causa por la que el ave no lo dejaba beber era que el agua estaba envenenada con lo que aprendió la lección de que nada se debe hacer impulsado por la furia.

Charles y Mary Ann Lamb en su obra Cólera de su libro Los cuentos de Shakespeare.

Y Esopo con las fábulas El niño y las nueces, La gallina de los huevos de oro, Las ranas y el pozo (en la que la moraleja es piensa dos veces antes de actuar), Las moscas y el frasco de miel (en la que la moraleja es ay de las criaturas necias que por gozos fugaces se destruyen).

La compasión.


Es una virtud que impacta rigurosamente el área afectiva del individuo. Es tomada como un sentimiento de tristeza al ver padecer a alguien, lo que impulsa rápidamente a aliviar por los medios a la mano su dolor o sufrimiento. A remediarlo si es posible por propia mano o al conseguir ayuda ajena para evitarlo.

En realidad, se convierte en un desafío con los demás en los momentos de desconsuelo, ya que es una virtud que tiene en cuenta la realidad de otras personas, cercanas o lejanas, conocidas o desconocidas. Es una acción altruista, sobre todo, con los que han quedado afectados de alguna forma biopsicosocial.

David Hume siempre afirmó que existe cierta benevolencia, por ínfima que sea, insuflada en nuestro pecho, una chispa de amistad por el género humano.

Juan Jacobo Rousseau afirmaba que era un sentimiento natural que al moderar el egoísmo virulento del individuo contribuye a la preservación de la especie. La compasión se puede despertar en forma particular o grupal tal y como ocurre en las grandes desgracias colectivas.

El arte de cultivar la naturaleza compasiva en los niños es indispensable, sobre todo en este momento, ya que la vida moderna ha causado una tendencia a dejar de practicarla por el peligro que puede significar el otorgarla a quien no se conoce.

Se ha formado ya un prejuicio difícil de evitar, ya que los niños imitan lo que ven y si aprecian en sus allegados una fría desconsideración, será hercúlea la tarea por realizar para bien lograr que tengan compasión.

La compasión puede aprenderse mediante la bondad con todas las criaturas.  No se debe despreciar ninguna, pues cada cual tiene una función en la vida, aun los considerados como enemigos naturales. Es siempre preferible si así se puede alejarse de ellos. Da tristeza ver niños pequeños con rifles matan pajarillos o lagartijas.

Es conveniente recordarles: niño nunca hagas daño al amable y bello petirrojo. Que tome la miel de las flores el hermoso colibrí. Deja que cante la alondra o el canario, y nos entonen un canto de eterna primavera. Aquí son útiles varias fabulas y cuentos como:

La del león y el ratón de Esopo en la que aprendemos como la compasión está al alcance tanto de los poderosos como de los mansos;

El cuento del famoso Charles Perrault sobre diamantes y sapos que enseña la vieja lección de que lo cortés no quita lo valiente, y que, en cambio, la ira y la antipatía pueden causar infelicidad;

El cuento La cena de acción de gracias del viejo señor conejo, de la estadounidense Carolyn Sherwin ganadora de la medalla Newbery (que honra a contribuciones destacadas a la literatura infantil estadounidense)  muestra que es mayor satisfacción dar que recibir ayuda. La historia lleva al niño a descubrir una importante lección que lleva más allá de los límites del Yo.

El Canto de vida de Charles Mackay con un poema de Séneca que muestra que donde hay un ser humano hay posibilidad de bondad.

El cuento de navidad El fantasma de Marley de Charles Dickens en el que demuestra que nuestro mejor negocio es el género humano.

El cuento del médico y la muerte que representa un ejemplo abrumador cuando la compasión de un médico le lleva a romper el trato con su madrina e invierte la cama dejando a la muerte en los pies y salva al enfermo.