De la Mesa de Redacción Rafael Castilleja
De Arcano Político
Mueren 3.3 millones de alcohólicos en el mundo, establece la
Organización Mundial de la Salud (OMS) al conmemorar en Ginebra este martes 15
de noviembre, el Día Mundial sin Alcohol, proclamado para fomentar la
responsabilidad y controlar el consumo
Se dice que es una enfermedad que ha sido el azote de las
últimas décadas del Siglo XX y promete ser bastante más cruenta en este Siglo
XXI, en donde el 55 por ciento de los adultos han consumido alcohol a lo largo
de su vida, existiendo 60 tipos de enfermedades causadas por el consumo de esta
sustancia.
El 31% de los estados miembros de la ONU manifiestan tener
una estrategia nacional para el abordaje de este problema que registra la edad
de inicio en el consumo del alcohol es a los 12,6 años.
Casi un
5.9 por ciento de todas las muertes que se producen en el
mundo están relacionadas con el alcohol. La mayoría de estas muertes son
debidas a lesiones, cáncer, enfermedades cardiovasculares y cirrosis hepática.
A nivel mundial, un 6,2% de las muertes de los varones están
relacionadas con el alcohol, en comparación con el 1,1% de las muertes de las
mujeres.
Cada año fallecen en el mundo 320.000 jóvenes de 15-29 años
por causas relacionadas con el alcohol, lo que supone un 9% de las muertes en
este grupo de edad.
Muy pocos países utilizan políticas eficaces para reducir la
mortalidad y prevenir las enfermedades y las lesiones causadas por el consumo
de alcohol. Desde 1999, cuando la OMS comenzó a informar sobre las políticas
del alcohol, al menos 34 países han adoptado algún tipo de política oficial
para reducir su consumo.
El alcohol, sustancia psicoactiva con propiedades causantes
de dependencia, se ha utilizado ampliamente en muchas culturas durante siglos.
El consumo nocivo de alcohol conlleva una pesada carga social y económica para
las sociedades.
El alcohol afecta a las personas y las sociedades de
diferentes maneras, y sus efectos están determinados por el volumen de alcohol
consumido, los hábitos de consumo y, en raras ocasiones, la calidad del
alcohol. En 2012, unos 3,3 millones de defunciones, o sea el 5,9% del total
mundial, fueron atribuibles al consumo de alcohol.
El consumo nocivo de alcohol también puede perjudicar a
otras personas, por ejemplo, familiares, amigos, compañeros de trabajo y
desconocidos. Asimismo, el consumo nocivo de alcohol genera una carga
sanitaria, social y económica considerable para el conjunto de la sociedad.
El consumo de alcohol es un factor causal en más de 200
enfermedades y trastornos. Está asociado con el riesgo de desarrollar problemas
de salud tales como trastornos mentales y comportamentales, incluido el
alcoholismo, importantes enfermedades no transmisibles tales como la cirrosis
hepática, algunos tipos de cáncer y enfermedades cardiovasculares, así como
traumatismos derivados de la violencia y los accidentes de tránsito.
Una proporción importante de la carga de morbilidad y
mortalidad atribuibles al uso nocivo del alcohol corresponde a los
traumatismos, sean o no intencionados, en particular los resultantes de
accidentes de tránsito, actos de violencia y suicidios. Además, los
traumatismos mortales atribuibles al consumo de alcohol tienden a afectar a
personas relativamente jóvenes.
Recientemente se han establecido relaciones causales entre
el consumo nocivo y la incidencia de enfermedades infecciosas tales como la
tuberculosis y el VIH/sida. El consumo de alcohol por parte de una embarazada
puede provocar síndrome alcohólico fetal y complicaciones prenatales.
Factores que influyen en el consumo de alcohol y los daños
relacionados con el alcohol
Tanto en el plano individual como en el social, se han
identificado diversos factores que influyen en los niveles y hábitos de consumo
de alcohol, así como en la magnitud de los problemas relacionados con el
alcohol en las comunidades.
Los factores ambientales incluyen el desarrollo económico,
la cultura y la disponibilidad de alcohol, así como la globalidad y los niveles
de aplicación y cumplimiento de las políticas pertinentes. Para un nivel o
hábito de consumo dado las vulnerabilidades de una sociedad podrían tener
efectos diferenciales similares a los producidos en diferentes sociedades.
Si bien no existe un único factor de riesgo dominante,
cuanto más factores vulnerables converjan en una persona, más probable será que
esa persona desarrolle problemas relacionados con el alcohol como consecuencia
del consumo de alcohol.
Los efectos del consumo de alcohol sobre los resultados
sanitarios crónicos y graves de las poblaciones están determinados, en gran
medida, por dos dimensiones del consumo de alcohol separadas, aunque
relacionadas, a saber:
el volumen total de alcohol consumido, y
las características de la forma de beber.
El contexto de consumo desempeña un papel importante en la
aparición de daños relacionados con el alcohol, en particular los asociados con
los efectos sanitarios de la intoxicación alcohólica y también, en muy raras
ocasiones, la calidad del alcohol consumido.
El consumo de alcohol puede tener repercusiones no sólo
sobre la incidencia de enfermedades, traumatismos y otros trastornos de salud,
sino también en la evolución de los trastornos que padecen las personas y en
sus resultados.
En lo que respecta a la mortalidad y la morbilidad, así como
a los niveles y hábitos de consumo de alcohol, existen diferencias entre los
sexos. El porcentaje de defunciones atribuibles al consumo de alcohol entre los
hombres asciende al 7,6% de todas las defunciones, comparado con el 4% entre
las mujeres.
En 2010, el consumo total de alcohol per cápita en todo el
mundo registró un promedio de 21,2 litros de alcohol puro entre los hombres, y
8,9 litros entre las mujeres.
Formas de reducir la carga del consumo nocivo de alcohol
Los problemas sanitarios, de seguridad y socioeconómicos
achacables al consumo de alcohol se pueden reducir eficazmente mediante medidas
aplicadas al grado, las características y las circunstancias en que se produce
la ingestión, así como a los determinantes sociales de la salud.
Compete a los países la responsabilidad principal de
formular, aplicar, vigilar y evaluar políticas públicas para disminuir el
consumo nocivo de alcohol. Los formuladores de políticas tienen a su
disposición un acervo considerable de conocimientos científicos en torno a la
eficacia y la coestoeficacia de las siguientes estrategias:
regular la comercialización de las bebidas alcohólicas (en
particular, la venta a los menores de edad);
regular y restringir la disponibilidad de bebidas
alcohólicas;
promulgar normas apropiadas sobre la conducción de vehículos
en estado de ebriedad;
reducir la demanda mediante mecanismos tributarios y de
fijación de precios;
aumentar la sensibilización y el apoyo con respecto a las
políticas;
proporcionar tratamiento accesible y asequible a las
personas que padecen trastornos por abuso del alcohol;
poner en práctica programas de tamizaje e intervenciones
breves para disminuir el consumo peligroso y nocivo de bebidas alcohólicas.
Respuesta de la OMS
La OMS persigue la finalidad de reducir la carga de
morbilidad causada por el consumo nocivo de alcohol y, en consecuencia, salvar
vidas, prevenir traumatismos y enfermedades y mejorar el bienestar de las
personas, las comunidades y la sociedad en su conjunto.
La OMS pone el acento en la elaboración, comprobación y
evaluación de intervenciones rentables contra el consumo nocivo de alcohol, así
como en la generación, recopilación y divulgación de información científica
acerca del consumo y la dependencia del alcohol con las consecuencias
sanitarias y sociales del caso.
En 2010, la Asamblea Mundial de la Salud aprobó una
resolución en la que hace suya la estrategia mundial para reducir el uso nocivo
del alcohol y por la que insta a los países a que fortalezcan las respuestas
nacionales a los problemas de salud pública causados por dicho uso.
La estrategia mundial para reducir el uso nocivo del alcohol
representa un compromiso colectivo de los Estados Miembros de la OMS para
aplicar constantemente medidas enderezadas a reducir la carga mundial de
morbilidad causada por el consumo nocivo. La estrategia incluye políticas e
intervenciones de base científica que pueden proteger la salud y salvar vidas
si se aplican correctamente.
También incluye una serie de principios por los que debe
guiarse la elaboración y ejecución de las políticas; además, establece las esferas
prioritarias para la actuación mundial, recomienda objetivos concretos del
programa de acción nacional y otorga un sólido mandato a la OMS para que
fortalezca las actuaciones a todos los niveles.
Las opciones de política y las intervenciones que pueden
aplicarse a escala nacional se pueden agrupar en 10 esferas, que se
complementan y apoyan recíprocamente, a saber:
liderazgo, concienciación y compromiso;
respuesta de los servicios de salud;
acción comunitaria;
políticas y medidas contra la conducción de vehículos bajo
los efectos del alcohol;
disponibilidad de alcohol;
comercialización y promoción de las bebidas alcohólicas;
políticas de fijación de precios;
mitigación de las consecuencias negativas del consumo de
alcohol y la embriaguez;
reducción del impacto en la salud pública del alcohol
ilícito y el alcohol de producción informal;
seguimiento y vigilancia.
La OMS ha establecido el Sistema Mundial de Información
sobre el Alcohol y la Salud con el fin de presentar de manera dinámica datos
sobre la intensidad y las características diversas del consumo de bebidas
alcohólicas, las consecuencias sanitarias y sociales de dicho consumo y las
políticas correspondientes a todos los niveles.
La aplicación satisfactoria de la estrategia exigirá la
actuación concertada de los países, una gobernanza mundial eficaz y la
participación apropiada de los interesados directos. El trabajo conjunto de
todas estas partes permitirá reducir las consecuencias negativas del consumo de
alcohol sobre la salud humana y la sociedad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario