En las nubes
Carlos Ravelo Galindo, afirma:
Sí, seguimos en charla con el doctor Fernando Calderón Ramírez de Aguilar, quien
nos confirma que al frente del gobierno
inca estaba el emperador, al que también se le llamaba Inca. En el siglo XVII.
No en el XVIII, como por error puso mi
dedito, ayer.
Éste gobernaba como monarca absoluto y hereditario dada la
suposición de que era descendiente del dios Sol.
En realidad, su sistema de vida era una forma de socialismo,
ya que el Estado era el que tenía en propiedad los medios de producción y buen
sistema de la división del trabajo.
El imperio estaba conformado por alrededor de diez millones
de personas, cuando en 1532, conducidos por Francisco Pizarro (pariente lejano
de Hernán Cortés), los españoles llegaron a lo que hoy es Perú, y el oro de los incas avivó su codicia como
siempre sucede. Después de invitar al emperador Atahualpa, Pizarro lo capturó y
mató a 200 de sus seguidores. Atahualpa le ofreció por su rescate una
habitación llena de oro y dos de plata. Pizarro se apoderó del fabuloso tesoro
y, no obstante, lo ejecutó.
Desde luego, la producción literaria prehispánica se basa en
la transmisión oral, misma que los evangelizadores españoles trasladaron al
castellano y a la imprenta; es gracias a esto que se conserva y conoce, aunque
en realidad los orígenes de su literatura se desconocen, ya que son vagos e
imprecisos.
Ciertamente, las primeras épocas debieron ser poemas épicos
versificados, aunque su distribución armónica de sonidos y pausas facilitaba su
memorización y transmisión oral, a lo cual ayudaba que ésta fuera adornada con
música y danza.
Las dos fuentes principales fueron los códices y los cronistas.
Los códices son manuscritos estampados que contienen datos
históricos, mitológicos, científicos, sociales e ideológicos. Los códices se
hacían con fibras vegetales de pita o ixtle, con telas de corteza de árbol como
el amate, telas de algodón o pieles curtidas de animales. Los tintes provenían de animales,
vegetales o minerales como, por ejemplo, rojo vivo de las semillas de achiote
hervidas, el rojo de la cochinilla del nopal y el carmín de la piedra tiza. La
intensidad del color variaba el significado: el tono desvaído apagado o pálido
de una figura humana indicaba enfermedad o muerte.
Como dato interesante hay que mencionar que la gran mayoría
de los códices fueron copiados después de la Conquista, ya que el clero quemó
los precortesianos cuando los virreyes o adelantados quisieron informar al
soberano acerca de la cultura del pueblo gobernado.
Los códices más importantes que se conservan son: el Códice
Vaticano que abarca la creación de los cielos, la luna y los cuatro soles; la
historia de Quetzalcóatl; la servidumbre mexica en Culhuacán; y la fundación de
Tenochtitlan; el Códice Aubin que conserva la historia de los aztecas; el
Códice Ramírez que refiere la peregrinación de los aztecas con la historia de
sus dioses, ritos, costumbres y la conquista; y el Códice Mendocino que
contiene la historia de la fundación de México, los pueblos dominados
tributarios, así como las costumbres familiares.
Para la lectura de los códices, en las escuelas se
preparaban jóvenes que repetían a coro cada explicación y demostraban devoción
por los Tlamatinime (sabios hacedores del documento) o el Xiutlahcuiloque
(pintor de años, historiador) y el Tlahcuiloque (pintor de figuras)
perfectamente descritos por don Miguel León Portilla.
Adjuntos al renglón de códices aparecen también algunos
manuscritos, algunos aun celosamente guardados ya que siguen siendo objeto de
estudio y son los Anales de Cuautitlán con la leyenda de los soles, el
Huehuetlatolli que contiene los consejos de los padres y ancianos, los cantares
mexicanos que contiene poesías y los informantes de Sahagún que contiene el
poema de Quetzalcóatl.
Los cronistas fueron múltiples.
Entre los más destacados se encuentran Fray Bernardino de
Sahagún, Fray Andrés de Olmos, Fray Francisco Jiménez, Hernando Alvarado
Tezozomoc, Fernando de Alva Ixtlixochitl, Juan José Joil, Bartolo Zis, Felipe
Guzmán Poma de Ayala, Inca Garcilaso de la Vega, Hernán Cortés y Bernal Díaz
del Castillo.
La literatura náhuatl tiene a la poesía dividida en épica,
que narra la peregrinación y las leyendas de la Coyolxauhqui, Coatlicue que son
plegarias dirigidas a los dioses Huitzilopochtli, Coatlicue, Tláloc, Xipetotec.
Lírica con algún contenido filosófico, representada por Netzahualcóyotl,
Nezahualpilli, Cacamatzin y dramática en
representaciones teatrales preparadas para las ceremonias, una en honor
a Tezcatlipoca o Toxcatl, Necaxipehualiztli o en honor de Xipe y Dialogo de la
Flor y el Canto. Por su parte, la prosa fue moralizante y es Huehuetlatolli o
Pláticas de los ancianos.
En cuanto a la literatura Maya encontramos la poesía
dividida en ritual, con Chilam Balam que son escritos proféticos recogidos por
el indio Juan José Hoil en Chumayel. Épica, con el Popol-Vuh o libro del
Consejo recogido por Fray Francisco Ximenez en Chichicastenango, Guatemala, que
narra la formación del mundo, la creación de los primeros pobladores, las
aventuras de los gemelos prodigiosos Hunahpú e Ixbalanque y la genealogía de
los pueblos que vivieron en la zona. Ahí se muestran similitudes importantes entre
la expresión maya y la cristiana. Dramática con Rabinal-Achi, escrita en
quiche, descubierta en Guatemala y recogida por el indio Bartolo Zis y que fue
considerada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
En lo referente a la literatura inca, la poesía fue épica,
con leyendas, y dramática con Ollantay escrito en quechua. El manuscrito
perteneció al sacerdote Antonio de Valdez. Es la narración del general de los
ejércitos incas de origen humilde.
Ahí se relata como a la muerte de Huayna Cápac sus hijos
Huáscar y Atahualpa pelearon por el trono ganando el segundo, quien mató al
primero, pero Pizarro lo capturó y exigió como rescate un cuarto de oro y dos
de plata; cuando los obtuvo, lo mató y coronaron a otro hermano, Manco II, pero
éste capitaneo una guerrilla durante diez años.
A su muerte lo sucedió un hijo llamado Sayre Túpac el cual
fue envenenado. La insurrección continuó silenciosamente durante treinta años.
La Conquista siempre estuvo llena de guerras, muertes y
traiciones para lograr el poder, pero a pesar de todo no perdió su aspecto
amoroso por la literatura. Gran parte de su conocimiento se debe a los
evangelizadores.

No hay comentarios:
Publicar un comentario