miércoles, 20 de abril de 2016

Asesinato de periodistas mexicanos por corrupción oficial y narcotráfico: RSF

De la Mesa de Redacción Rafael Castilleja
De Arcano Político


Ocupa México la posición 149 con 49.33 puntos en la edición 2016 de la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa en 180 países, dada a conocer en París este miércoles 20 de abril por la organización no gubernamental Reporteros sin Fronteras. Encabeza la lista Finlandia con 8.59 puntos y en último Eritrea con 83.92.

México (149o, -1) está marcado por una larga serie de asesinatos de periodistas, crímenes relacionados con la corrupción y el narcotráfico.

México, Colombia y la mayoría de los países de Centroamérica padecen los estragos del crimen organizado: cárteles, grupos paramilitares y narcotraficantes. El trabajo de investigación es peligroso en estos países –en ocasiones, incluso imposible–, frente a la determinación y el grado de violencia que se alcanza, que va hasta las decapitaciones.

La calificación se deterioró en todos los continentes. En el americano, literalmente cayó (20.5%) por el peso de una América Latina lastrada por los asesinatos y los ataques a periodistas en México y en América Central.

El mayor descenso en la Clasificación corresponde este año a El Salvador, que perdió 13 lugares (58o). En este pequeño país de América Central, corroído por la violencia de los cárteles, la situación de la libertad de prensa no ha dejado de deteriorarse desde 2014, cuando ascendió al poder Salvador Sánchez Cerén, quien por cierto acusó a los medios de comunicación de participar en una “campaña de terror psicológico” contra su gobierno.

La situación de la libertad de prensa se deterioró en 2015 en el continente americano. ¿La razón? Las crecientes tensiones políticas en numerosos países, alimentadas por la recesión económica, la incertidumbre sobre el futuro y los repliegues comunitarios.

La violencia institucional (como se registra en Venezuela, 139o (2 lugares) y Ecuador, 109o) y del crimen organizado (Honduras, 137o, -4), así como la impunidad (Colombia, 134o, 6), la corrupción (Brasil, 104o, -5), la concentración de los medios de comunicación (Argentina, 54o) y la vigilancia en Internet (sobre todo en Estados Unidos, 41o), constituyen los principales obstáculos interpuestos a la libertad de prensa.

La organización fundada en 1985 por el argelino Robert Menard, señaló que América Latina se encuentra sumergida una creciente violencia contra los periodistas y ocupó el tercer lugar regional con 37,1 después de Europa con 19.8 puntos y África con 36.9.

“Desafortunadamente, es un hecho notable que numerosos dirigentes en el mundo han desarrollado una especie de paranoia frente al ejercicio legítimo del periodismo", señaló Christophe Deloire, Secretario General del organismo que recibió en 2005 el Premio Sájarov a la libertad de conciencia del Parlamento Europeo, compartido con el movimiento Damas de Blanco y el abogado nigeriano Hauwa Ibrahim.

La Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa, publicada cada año por RSF desde 2002, es una herramienta de promoción esencial, basada en el principio de emulación entre Estados. Su prestigio le ha permitido adquirir una influencia cada vez mayor ante los medios de comunicación, las autoridades públicas de los Estados y las organizaciones internacionales.

En todas partes del mundo “oligarcas” compran medios de comunicación y ejercen presiones que se suman a las de los Estados.

Todos los indicadores de la Clasificación muestran que existe un deterioro entre 2013 y 2016. En particular, es el caso de la infraestructura. Algunos Estados no dudan en suspender el acceso a Internet; esto, cuando no sucede que simple y llanamente destruyan las oficinas, las estaciones o las imprentas de los medios de comunicación que les molestan.


Entre 2013 y 2016 observamos un empeoramiento de 16% en este indicador. También se registra un gran deterioro en el marco legal: se promulgaron numerosas leyes que castigan a los periodistas por delitos como "insulto al presidente”, “blasfemia” o “apoyo al terrorismo”. Como efecto secundario de esta alarmante situación, los periodistas tienden cada vez más a la autocensura. Así, el indicador “ambiente y autocensura” muestra un empeoramiento de más de 10% entre 2013 y 2016.

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