De la Mesa de Redacción Rafael Castilleja
De Arcano Político
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| Durante el apartheid, el matrimonio interracial era ilegal en Sudáfrica. Sin embargo los niños no saben acerca de la discriminación racial. Foto ONU/Mark Garten |
La tolerancia es una condición para la paz. Es una idea en
ocasiones amenazada y a menudo minoritaria. Empero, es un motor del desarrollo
sostenible, puesto que favorece la construcción de unas sociedades más
inclusivas. Conceptos destacados del mensaje de la belga Irina Bokova,
directora general de la UNESCO, en Día Internacional para la Tolerancia.
El Día Internacional para la Tolerancia, establecido por la
ONU el 28 de febrero de 1997 en honor a la Declaración de Principios sobre laTolerancia adoptada por la UNESCO el 16 de noviembre de 1995.
La Declaración afirma, entre otras cosas, que la tolerancia
no es indulgencia o indiferencia, es el respeto y el saber apreciar la riqueza
y variedad de las culturas del mundo y las distintas formas de expresión de los
seres humanos. La tolerancia reconoce los derechos humanos universales y las
libertades fundamentales de los otros. La gente es naturalmente diversa; sólo
la tolerancia puede asegurar la supervivencia de comunidades mixtas en cada
región del mundo.
Mosaico de fotos de diversas personas. Foto UNESCOLa
Declaración describe la tolerancia no sólo como un deber moral, sino como un
requerimiento político y legal para los individuos, los grupos y los estados.
Sitúa a la tolerancia en el marco del derecho internacional sobre derechos
humanos, elaborados en los últimos cincuenta años y pide a los estados que
legislen para proteger la igualdad de oportunidades de todos los grupos e
individuos de la sociedad.
La injusticia, la violencia, la discriminación y la
marginalización son formas comunes de intolerancia. La educación es un elemento
clave para luchar contra estas formas de exclusión y ayudar a los jóvenes a
desarrollar una actitud independiente y un comportamiento ético. La diversidad
de religiones, culturas, lenguas y etnias no debe ser motivo de conflicto sino
una riqueza valorada por todos.
¿Cómo luchar contra la intolerancia?
Luchar contra la intolerancia exige un marco legal
Los Gobiernos deben aplicar las leyes sobre derechos
humanos, prohibir los crímenes y las discriminaciones contra las minorías,
independientemente de que se cometan por organizaciones privadas, públicas o
individuos. El Estado también debe garantizar un acceso igualitario los
tribunales de justicia, a los responsables de derechos humanos y a los
defensores del pueblo, para evitar que las posibles disputas se resuelvan por
la violencia.
Luchar contra la intolerancia exige educación
Las leyes son necesarias pero no suficientes para luchar
contra la intolerancia y los prejuicios individuales. La intolerancia nace a
menudo de la ignorancia y del miedo: miedo a lo desconocido, al otro, a
culturas, naciones o religiones distintas. La intolerancia también surge de un
sentido exagerado del valor de lo propio y de un orgullo personal, religioso o
nacional, exacerbado. Estas nociones se aprenden a una edad muy temprana. Por
eso es necesario poner énfasis en la educación y enseñar la tolerancia y los
derechos humanos a los niños para animarles a tener una actitud abierta y
generosa hacia el otro. La educación es una experiencia vital que no empieza ni
termina en la escuela.
Los esfuerzos para promover la tolerancia a través de la
educación no tendrán éxito si se aplican a todos los grupos en todos los
entornos: en casa, en la escuela, en el lugar de trabajo, en el entrenamiento
de las fuerzas del orden, en el ámbito cultural y en los medios sociales.
Luchar contra la intolerancia requiere acceder a la
información
La intolerancia es especialmente peligrosa cuando individuos
o grupos de individuos la usan con fines políticos o territoriales. Identifican
un objetivo y desarrollan argumentos falaces, manipulan los hechos y las
estadísticas y mienten a la opinión pública con desinformación y prejuicios. La
mejor manera de combatir estas políticas es promover leyes que protejan el
derecho a la información y la libertad de prensa.
Luchar contra la intolerancia requiere una toma de
conciencia individual
La intolerancia en la sociedad es la suma de las
intolerancias individuales de todos sus miembros. La intolerancia religiosa,
los estereotipos, los insultos y las bromas raciales son ejemplos de
intolerancia que se viven en lo cotidiano. La intolerancia lleva a la
intolerancia y para luchar de forma efectiva es necesario que cada uno examine
su papel en el círculo vicioso que lleva a la desconfianza y a la violencia en
la sociedad. Todos debemos preguntarnos: ¿soy una persona tolerante? ¿Juzgo a
los otros con estereotipos? ¿Rechazo a los que me parecen diferentes?
Luchar contra la intolerancia exige soluciones locales
Los problemas que nos afectan son cada vez más globales pero
las soluciones pueden ser locales, casi individuales. Ante una escalada de
intolerancia, los gobiernos o las instituciones no pueden actuar solos. Todos
formamos parte de la solución y tenemos una enorme fuerza a la hora de
enfrentarnos a la intolerancia. La no-violencia puede ser una herramienta muy
efectiva para confrontar un problema, crear un movimiento, demostrar
solidaridad con las víctimas de la intolerancia o desacreditar la propaganda fomentada
por el odio.
Arcano Radio, asociada a RNU y a RFI, otra forma de escuchar para ver el mundo y buscar la verdad, les comparte el mensaje de la Directora General de la UNESCO, Irina Bokova, en este 2016:
En un mundo diverso, la tolerancia es una condición para la
paz. También es un motor del desarrollo sostenible, puesto que favorece la
construcción de unas sociedades más inclusivas, y por tanto más resilientes,
capaces de aprovechar las ideas, las energías creadoras y los talentos de cada
uno de sus miembros.
La tolerancia es una idea en ocasiones amenazada y a menudo
minoritaria. En el mundo de hoy, observo cómo en demasiados países proliferan
las lógicas del repliegue y el rechazo. Observo cómo se instrumentalizan las
crisis migratorias, la situación trágica de los refugiados o los conflictos
armados, que son explotados para atizar el odio hacia el otro, estigmatizar a
las minorías y legitimar las discriminaciones. Observo el aumento de los
discursos racistas y de los estereotipos sobre las religiones o las culturas,
con los que se pretende explicar que los pueblos diferentes no pueden convivir
y que el mundo iría mejor si volviéramos a los tiempos antiguos en los que las
«culturas puras» vivían dentro de sí mismas, protegidas de las influencias
exteriores, en un pasado mitificado que nunca ha existido.
Contra esta lógica del repliegue, debemos volver a dar
fuerza y sustancia a la cultura de la tolerancia. Debemos reiterar hasta qué
punto las culturas se enriquecen con sus intercambios mutuos. Debemos recordar
los hechos históricos, recordar cómo se mezclaron los pueblos y las
identidades, dando lugar a unas culturas más ricas, más complejas, a las
identidades múltiples. Podemos demostrar, apoyándonos en el testimonio vivo de
las piedras del patrimonio mundial, que ninguna cultura ha crecido jamás en el
aislamiento, y que la diversidad es una fuerza, y no una debilidad. Debemos
reiterar que la tolerancia no es la aceptación ingenua o pasiva de la
diferencia: es una lucha por el respeto de los derechos fundamentales. La
tolerancia no es el relativismo o la indiferencia. Es un compromiso diario para
buscar, en nuestra diversidad, los vínculos que unen a la humanidad.
La promoción del espíritu de tolerancia es el origen y el
objetivo de la labor de la UNESCO. Se inspira de la Declaración de Principios
sobre la Tolerancia aprobada en 1995. Se alimenta de múltiples programas
educativos, culturales y científicos, en el marco del Decenio Internacional de
Acercamiento de las Culturas (2013-2022), dentro de la Coalición Internacional
de Ciudades Inclusivas y Sostenibles, o mediante la promoción de la educación
para la ciudadanía mundial. Estos programas necesitan ser apoyados y difundidos
por las políticas públicas, en los discursos oficiales y en los comportamientos
cotidianos, en los medios de comunicación y en las calles de nuestras ciudades.
Hago un llamamiento a todos los Estados Miembros de la UNESCO y a todos los
ciudadanos del mundo para que retomen este mensaje, a fin de construir juntos
unas sociedades que, precisamente por ser más tolerantes, sean más inclusivas,
más pacíficas y más prósperas.
Irina Bokova

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