De la Mesa de Redacción Rafael Castilleja
De Arcano Político
Se desperdicia en México cada año el 37 por ciento de los
alimentos que se producen, es decir, 10 millones 341 mil toneladas, los cuales
podrían proveerse a siete millones de mexicanos, y evitar que terminen formando
parte de los residuos sólidos urbanos en los tiraderos que provocan
contaminación del suelo y agua al infiltrarse.
Con la pérdida de estos alimentos también se desperdician
los recursos utilizados en su producción como tierra, agua y energía,
incrementandose inútilmente las emisiones de gases de efecto invernadero.
Por ello, la diputada panista campechana Nelly del Carmen
Márquez Zapata, del PAN, impulsa un punto de acuerdo que exhorta al Ejecutivo
federal a que, a través de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales
(Semarnat), elabore un plan de manejo para los desperdicios alimentarios.
La finalidad es prevenir y atender la contaminación del
suelo, agua y atmosférica que provocan los rellenos sanitarios y vertederos a
cielo abierto, así como para que la Semarnat asesore a los estados y municipios
en la implementación de dicho programa de manejo.
También pide que la dependencia diseñe y promueva ante las
dependencias competentes el establecimiento y aplicación de incentivos
económicos, fiscales, financieros y de mercado, que tengan por objeto favorecer
la valorización, gestión integral y sustentable de los residuos y desperdicios
alimenticios, de acuerdo con la Ley General para la Prevención y Gestión
Integral de los Residuos.
La propuesta señala que, a pesar de que existen acciones
como los Bancos de Alimentos que permiten recuperar y distribuir una parte de
los desperdicios alimentarios, una gran parte se convierte en basura, es decir,
residuos que no tienen ningún manejo y que, al recolectarse y depositarse en
tiraderos a cielo abierto o al ser vertidos en los rellenos sanitarios sin
control, contaminan el suelo y agua al infiltrarse.
Esto genera que los acuíferos, ríos y aguas superficiales,
así como el suelo, concentren sustancias nocivas para la salud de la población
y el equilibrio de ecosistemas aledaños a dichos tiraderos.
“El hambre sigue siendo uno de los desafíos más urgentes del
desarrollo, pero el contraste es que el mundo produce alimentos más que
suficientes; sin embargo, un tercio de los alimentos producidos para el consumo
humano se pierde o se desperdicia en todo el planeta”, indica el punto de
acuerdo.
Precisa que ésto ocurre a lo largo de toda la cadena de
suministro, desde la producción agrícola inicial hasta el consumo final en los
hogares.
La propuesta destaca que según la FAO, se ha estimado que
aproximadamente el 6 por ciento de las pérdidas mundiales de alimentos se dan
en América Latina y el Caribe. Cada año, la región pierde o desperdicia
alrededor del 15 por ciento de sus alimentos disponibles.
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