Por Canal romereports.com
Este es el testimonio completo que el sacerdote pronunció
ante el Papa durante su visita a Albania:
TEXTO COMPLETO:
"Soy don Ernest Simoni. Soy un sacerdote de 84 años. En
diciembre de 1944 llegó a Albania el Partido Comunista, ateo, que tenía como
principio eliminar la fe y al clero. Para llevar a cabo este programa
comenzaron inmediatamente con los arrestos, las torturas y los fusilamientos de
centenares de sacerdotes y laicos, durante 7 años consecutivos, derramando la
sangre inocente de fieles, algunos de los cuales, antes de ser fusilados,
gritaron, "Viva Cristo Rey”.
En 1952 el gobierno comunista, siguiendo una estrategia
política planificada desde Moscú (Stalin), intentó reunir a los sacerdotes que
todavía estaban vivos para permitirles ejercitar libremente la fe con la
condición de que la Iglesia se separase de Roma y del Vaticano. El clero nunca
aceptó esta pretensión del gobierno. Yo continué los estudios en el colegio de
los franciscanos por diez años, desde 1938 hasta 1948. Nuestros superiores
fueron fusilados por los comunistas y por este motivo fui obligado a terminar
mis estudios de teología en la clandestinidad.
Cuatro años después me mandaron al ejército. Querían hacerme
desaparecer. Pasé dos años en aquel lugar, años que fueron más terribles que
una prisión. Pero el Señor me salvó y el 7 de abril de 1956 fui ordenado
sacerdote. El día después, Domingo in Albis y fiesta de la Divina Misericordia,
celebré la primera misa. Durante ocho años y medio desempeñé mi ministerio
sacerdotal hasta que los comunistas decidieron quitarme de en medio.
El 24 de diciembre de 1963, después de celebrar la misa de
la vigilia de Navidad, en la localidad de Barbullush, cerca de Scutari,
llegaron cuatro oficiales de seguridad y me presentaron la orden de arresto y
fusilamiento. Me pusieron las manos tras la espalda, me esposaron y me metieron
en su coche a patadas. Desde la parroquia me llevaron a una habitación aislada
donde permanecí tres meses en condiciones inhumanas. Estando esposado me
interrogaron. Su jefe me dijo: "Serás ahorcado como enemigo porque has
dicho al pueblo que todos moriréis por Cristo si es necesario”. Me apretaron
tanto los hierros en las muñecas que sentía cómo se me paraban los latidos del
corazón. Casi moría. Querían que hablara contra la Iglesia y la jerarquía. No
acepté. Casi muero por las torturas. Al verme en ese estado me liberaron. El
Señor quiso que continuase viviendo.
También me acusaron de celebrar tres misas por el alma del
presidente americano John Kennedy, asesinado un mes antes de mi arresto. Sin
embargo las misas las celebré según las indicaciones que Pablo VI dio a todos
los sacerdotes del mundo. Yo era suscriptor de la principal revista rusa en
lengua francesa "La Unión Soviética”. Como prueba de su acusación
presentaron al juez la revista en la que figuarba la foto del presidente
americano. La Divina Providencia quiso que mi condena a muerte no se ejecutara.
En la habitación aislada llevaron a otro prisionero, un amigo, que tenía que
espiarme. Él criticó al partido pero yo le respondía que Cristo nos enseñó a
amar a los enemigos, a perdonarles y que debemos trabajar por el bien del
pueblo. Estas palabras llegaron a oídos del dictador, quien después de cinco
días me liberó de la condena a muerte. Esta condena fue sustituida a 18 años de
prisión en la mina de Spaç. Cuando salí de allí me volvieron a condenar a
trabajos forzados durante 10 años, hasta la caída del régimen. Trabajé en las
aguas fecales. Celebraba misa en latín, de memoria. También confesaba y
distribuía la comunión a escondidas.
Con la llegada de la libertad religiosa el Señor me ayudó a
servir a muchas poblaciones y a reconciliar con la cruz de Cristo a personas
llenas de venganza, alejando el odio y al diablo de los corazones de los
hombres.
Santidad, con la seguridad de poder exprimir el deseo de
todos los presentes, le ruego que, por intercesión de la Santísima Madre de
Cristo, el Señor os otorgue vida, salud y fuerza para guiar el gran rebaño que
es la Iglesia de Cristo. Amén”.
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