Análisis a Fondo
* ¿Presuntas corruptelas o robos en despoblado?
* Gobierno federal, obligado a explicar a la ASF
Por Francisco GÓMEZ MAZA
Para Arcano Radio
Contra lo que dice la publicidad y la propaganda
gubernamental, en México, si desaparecen forzadamente miles de personas, es
infinitamente más fácil que desaparezcan, como entre las manos de un
ilusionista, millones de dólares (en el caso, el equivalente en pesos de 192
millones), utilizando empresas fantasma (que no existen) para justificar la
desaparición del dinero, como lo
descubrieron en una minuciosa investigación, basados en la cuentas públicas
2013 y 2014, revisadas por la Auditoría Superior de la Federación, el diario
digital Animal Político y la asociación civil Mexicanos Contra la Corrupción y
la Impunidad.
Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad es una empresa
dedicada a la investigación de esos males que aquejan de muerte al Estado de
Derecho en México. Recientemente, fue reclamada seriamente por el presidente de
la república al empresario Claudio X. González, padre del dirigente de esa
asociación civil, por insistir en criticar al gobierno, hablar de corrupción y
no reconocer los “logros.”
La historia es realmente fétida, huele y no a ámbar, como
dice Don Quijote: De acuerdo con Animal
Político y MCCI (información replicada por las principales agencias de prensa
internacionales, por el diario El País y, en México, por el periódico Milenio),
entre 2013 y 2014, el Gobierno de México desvió los mentados 192 millones de
dólares a compañías inexistentes, fantasmas, que carecen de actividad.
El dinero salió de diferentes organismos públicos como la
Secretaria de Desarrollo Social, el FOVISSSTE, el Registro Agrario Nacional, el
Banco Nacional de Obras y Pemex. En total, 11 instituciones. ¿Y a dónde fue a
parar el dinero; dónde quedó? El dinero desapareció; se esfumó de la faz de la
tierra.
Los investigadores sostienen que hasta ocho universidades
públicas sirvieron de intermediarias para el desvío, algunas tan importantes
como la Universidad Autónoma del Estado de México y su par de Morelos. El esquema
de desvío fue transversal al Gobierno de Peña Nieto y afecta, sobre todo, a la
Secretaría de Desarrollo Social, entonces en manos de Rosario Robles y a Pemex,
en los años de Emilio Lozoya y Juan José Suárez. También afectó al Banco
Nacional de Obras, cuando estaba en manos de Alfredo del Mazo, gobernador
electo del Estado de México. Son, en total, 11 organismos públicos.
En México, la Ley General de Adquisiciones obliga al sector
público a licitar sus contratos de obras y servicios. Es decir, que la
secretaría que necesita algo arma un concurso entre empresas, la mejor gana y
pasa a integrar la nómina de proveedores del Gobierno. La ley permite que el
sector público obvie la licitación si contrata con universidades. En vez de
sacar a concurso una obra, firma un convenio con una universidad y ésta se
encarga. La universidad debe realizar al menos el 51% del servicio contratado.
La investigación apunta que los organismos señalados
aprovecharon este recodo legal para armar un esquema de desvío de fondos multimillonario.
Las universidades firmaron en esos años 73 convenios con el sector público,
acuerdos que les obligaban a prestar una serie de servicios que, en muchos
casos, no se dieron. En vez de eso, se quedaban una comisión y subcontrataban
con empresas. En muchos casos, según los investigadores, las empresas ni
siquiera existían. Y sólo por intermediar, las universidades se habrían quedado
con 56 millones de dólares en concepto de comisiones.
Estos 73 convenios derivaron en contratos con 186 empresas.
De acuerdo al conteo de la investigación, 128 de las 186 presentaban “lagunas
legales”. El Servicio de Administración Tributaria, SAT, declaró “fantasma” a
11 e investiga a nueve más por la misma razón; 28 no tienen dirección; 12
fueron desmanteladas apenas recibieron los contratos; ocho no están en las
direcciones que declararon; 44 no cuentan con registro ante la Secretaría de
Economía, requisito indispensable para operar; seis se dedican a temas que no
tienen relación con los servicios para los que recibieron contrato y 10 más no
fueron localizadas por la Auditoría Superior de la Federación (ASF), cuando las
buscó para revisar su legalidad.
Aunque el dinero desviado asciende a 192 millones de
dólares, esas 186 empresas recibieron en total el equivalente en pesos de 429
millones de dólares en contratos. De acuerdo a Animal Político y MCCI, todos
los contratos violan la Ley General de Adquisiciones. La investigación apunta
que las empresas no tenían nada que ver con los servicios para los que las
contrataban. Hay un caso de una compañía que vende zapatos, a la que encargaron
el “rediseño” del servicio de atención del seguro social de los trabajadores
públicos.
En 2013, El Fondo de Vivienda del Instituto de Seguridad y
Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado, FOVISSSTE, destinó 12
millones de dólares para simplificar la burocracia de los créditos
hipotecarios. Quería aligerar el proceso para que los empleados públicos
accedieran al dinero con mayor facilidad. El FOVISSSTE firmó cinco convenios con
la Universidad Autónoma del Estado de México. Hasta ahí todo legal. La
universidad debería haber armado una propuesta para el organismo, pero en vez
de eso, subcontrató parte de los trabajos con Interamericana de Negocios y
Comercio, que se dedica, según su acta constitutiva, a la venta de zapatos.
También contrató a tres empresas, investigadas por el SAT
por operaciones irregulares. Y a otras tres que no están registradas ante la
Secretaría de Economía. En 2013, la Auditoria Superior de la Federación concluyó
que no había pruebas de que los trabajos se hubieran realizado.
Petróleos Mexicanos, Pemex, firmó 39 de los 73 convenios con
seis universidades del sur de México. La paraestatal repartió decenas de
millones de dólares entre los centros, que estos a su vez, después de
agenciarse la comisión, transfirieron a empresas. Según la investigación,
algunas ni siquiera existían.



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