De la Mesa de Redacción
Radio Vaticano
Cardenal español Ricardo
Blazquez,
presidente de la Conferencia
Episcopal Española.
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«Nos unimos a esta peregrinación del Sucesor de Pedro
interpretando así el sentir común de nuestro pueblo que tiene en la advocación
y acontecimiento mariano de Fátima una de las devociones más arraigadas y
populares. Junto con el Papa Francisco deseamos hacer realidad lo que reza el
lema elegido: Con María, peregrino en la esperanza y en la paz».
En dicho mensaje, los obispos recuerdan, en particular, las
palabras de San Juan Pablo II pronunciadas el Domingo 21 de de junio de 1987 a
la hora del Ángelus: "No sólo las personas o grupos locales, sino también
naciones enteras y continentes, buscan encontrarse con la Madre del Señor, con
la Bienaventurada porque ha creído”. La noticia de las apariciones de Fátima,
continúa el mensaje de la Conferencia Episcopal Española, está vinculada a la
devoción al Inmaculado Corazón de María, visto como un camino para encontrarse
con Dios. Ya que el mensaje de María está dirigido a la Iglesia y la humanidad.
En la comunión eclesial con Francisco, destacan los obispos españoles:
"Somos peregrinos en la esperanza y la paz”, y añaden: "Instamos a
los fieles a vivir con verdadero espíritu cristiano y celo evangélico de este
acontecimiento eclesial".
En cuanto a la explicación del sentido de las apariciones
marianas conmemoradas, la Iglesia Española destaca que hay que relacionarlas
con las maravillas que Dios ha hecho por su Pueblo, dado que Dios sigue
actuando en la historia. “En Cristo resucitado se cumplieron todas las promesas
divinas, pero todavía la humanidad sigue esperando el retorno definitivo de
Cristo y, hasta que Él venga, vivimos en el tiempo inaugurado por su
resurrección, un período de esperanza, pero a la vez están presentes muchas
lacras y sufrimientos”.
Destacando la figura de Nuestra Señora de Fátima como
«congregadora de fieles peregrinos» de todo el mundo, cuyo Santuario se ha
convertido a lo largo de estos 100 años en un lugar privilegiado de veneración,
el mensaje destaca la peregrinación de tres Papas, predecesores de Francisco:
El beato Pablo VI quien viajó a Fátima el 13 de mayo de
1967, con ocasión de los 50 años de las apariciones de la Virgen. Allí
pronunció las significativas palabras: "Venimos de Roma para elevar, en
Cova de Iría, nuestra ardiente súplica por la paz de la Iglesia y del mundo”, intención
que sigue estando plenamente vigente en la actualidad y que hemos de hacer
especialmente nuestra.
Juan Pablo II quien viajó al Santuario en tres ocasiones: la
primera vez el 13 de mayo de 1982, un
año después de padecer el atentado para “agradecer a la Virgen su intervención
en la salvación de su vida y el restablecimiento de su salud”. Una segunda vez
en 1991 y la última el 13 de mayo del Año Jubilar del 2000, para beatificar a
dos de los niños videntes Francisco y Jacinta.
Finalmente, Benedicto XVI, quien por su parte acudió como
peregrino a Fátima en el año 2010 en el décimo aniversario de la mencionada
beatificación. “He venido a Fátima a rezar, con María y con tantos peregrinos,
por nuestra humanidad afligida por tantas miserias y sufrimientos”.
Ahora el Papa Francisco, quien consagró el mundo a María el
13 octubre de 2013, siguiendo los pasos peregrinos de sus antecesores, acude a
Fátima para celebrar el centenario de las apariciones y canonizar a los
pastorcitos Francisco y Jacinta Marto. Una peregrinación, por cierto, a la que
asistirán miles de fieles y peregrinos de todo el mundo y que contará con la
presencia, entre otros, del presidente de la Conferencia Episcopal Española y
arzobispo de Valladolid, el cardenal Ricardo Blázquez Pérez y el arzobispo de
Madrid, cardenal Carlos Osoro Sierra.
“Exhortamos a los fieles a vivir con verdadero espíritu
cristiano y afán evangelizador este acontecimiento eclesial del centenario de
las apariciones de Fátima y deseamos que se renueve en todos la verdadera devoción a la Virgen
María, que no consiste ni en un sentimentalismo estéril y transitorio ni en una
vana credulidad, sino que procede de la fe auténtica, que nos induce a
reconocer la excelencia de la Madre de Dios, que nos impulsa a un amor filial
hacia nuestra Madre y a la imitación de sus virtudes” (Lumen Gentium, 67),
concluye el mensaje de la Conferencia Episcopal Española.
A continuación, mensaje completo de los Obispos españoles:
Junto al Papa Francisco, peregrinos de esperanza y de paz
1.- Con motivo del centenario de las apariciones de la
Virgen María en Cova da Iría (Portugal) el Papa Francisco irá como peregrino al
Santuario de Nuestra Señora de Fátima del 12 al 13 de mayo de 2017.
Los obispos españoles queremos unirnos a esta peregrinación
del Sucesor de Pedro interpretando así el sentir común de nuestro pueblo que
tiene en la advocación y acontecimiento mariano de Fátima una de las devociones
más arraigadas y populares. Junto con el Papa Francisco deseamos hacer realidad
lo que reza el lema elegido: «Con María, peregrino en la esperanza y en la
paz».
Como señalaba san Juan Pablo II, “no sólo los individuos o
grupos locales, sino a veces naciones enteras y continentes buscan el encuentro
con la Madre del Señor. Tal vez se podría hablar de una específica «geografía»
de la fe y de la piedad mariana, que abarca todos estos lugares de especial
peregrinación del pueblo de Dios” (Redemptoris Mater, 28).
Fátima es uno de esos lugares destacados, especialmente en
la historia contemporánea de la Iglesia, en los que se hace realidad la súplica
y alabanza a la Madre de Dios preanunciada por ella misma. Efectivamente, María
toma conciencia de lo que Dios ha hecho en ella y anuncia en el canto del
Magníficat su bienaventuranza a lo largo de los siglos: “Me felicitarán todas
las generaciones” (Lc 1,48). Es un hecho innegable: María aparece en todos los
rincones de la geografía católica con la fuerza del encanto de su maternal
intercesión (cf. Marialis Cultus, 56).
Este convencimiento tan constatable en nuestro pueblo nos
lleva a unirnos con alegría a la celebración del centenario de las apariciones
de la Virgen de Fátima. Tres pastorcitos (Lucía, Francisco y Jacinta) fueron
los agraciados con la aparición de la Nuestra Señora. La novedad de estas
apariciones de Fátima y núcleo de su mensaje consiste en la devoción al Corazón
Inmaculado de María como un camino hacia el encuentro con Dios, concretando en
este título su intercesión materna. Por medio de los sencillos María transmite
un mensaje destinado a la Iglesia y a la humanidad.
Los papas peregrinos
2.- El Santuario de Fátima se ha convertido en estos cien
años en un lugar privilegiado de peregrinaciones y entre los peregrinos
destacan tres papas. Así el 13 de mayo de 1967, a los 50 años de las
apariciones de la Virgen, el beato Pablo VI viajó a Fátima. Allí pronunció unas
proféticas palabras sobre uno de los males que iba a padecer la Iglesia por
“ideologías diseñadas para quitar de la fe todo lo que el pensamiento moderno
no entiende o no acepta”. Pablo VI dijo también estas palabras: “Venimos de
Roma para elevar, en Cova de Iría, nuestra ardiente súplica por la paz de la
Iglesia y del mundo”; intención que sigue estando plenamente vigente en la
actualidad y que hemos de hacer especialmente nuestra.
La relación de san Juan Pablo II con Nuestra Señora de
Fátima fue muy intensa. Hay un momento especial el 13 de mayo de 1981, cuando
–según cuenta él–, la Virgen le salvó de morir en un atentado perpetrado por
Alí Agca en la Plaza San Pedro. Un año después de este suceso, el 13 de mayo de
1982, Juan Pablo II viajó por primera vez a Fátima para “agradecer a la Virgen
su intervención en la salvación de mi vida y el restablecimiento de mi salud”.
En 1991 el Santo Padre regresó al Santuario, donde afirmó que “la Virgen me
regaló otros diez años de vida” y volvió por última vez a Fátima para
beatificar a los niños videntes Francisco y Jacinta el 13 de mayo del Año
Jubilar del 2000.
Benedicto XVI, por su parte, acudió como peregrino a Fátima
en el año 2010 en el décimo aniversario de la mencionada beatificación. Decía
el papa Ratzinger: “He venido a Fátima para gozar de la presencia de María y de
su protección materna (…). He venido a rezar, con María y con tantos
peregrinos, por nuestra humanidad afligida por tantas miserias y sufrimientos”.
Una vez más, la finalidad gozosa de estar junto a la Madre llevaba consigo el
propósito de orar por los pesares de todos los hijos, por los sufrimientos de
la toda la humanidad.
El papa Francisco, que consagró el mundo a María el 13 octubre
de 2013, acudirá ahora a Fátima para celebrar el centenario de las apariciones
y canonizar a los pastorcitos Francisco y Jacinta Marto.
Sentido de las apariciones
3.- Para entender el sentido de las apariciones marianas que
conmemoramos hay que relacionarlas con las maravillas que Dios ha hecho por su
Pueblo, dado que Dios sigue actuando en la historia. En Cristo resucitado se
cumplieron todas las promesas divinas, pero todavía la humanidad sigue
esperando el retorno definitivo de Cristo y, hasta que Él venga, vivimos en el
tiempo inaugurado por su resurrección, un período de esperanza, pero a la vez
están presentes muchas lacras y sufrimientos.
Las apariciones se sitúan en el contexto del plan salvador
de Dios, en el que el papel de María resulta esencial por su intercesión
materna en el misterio de Cristo (cf. Lumen Gentium, 62). Las que conmemoramos
de Fátima, en plena I Guerra Mundial, confirman que María, como buena madre,
acude allí donde el corazón de sus hijos padecen todo tipo de sufrimientos y
los horrores de la persecución o la guerra. “No tienen vino” (Jn 2,3), dice
también en nuestro tiempo la Madre ante su Hijo, intercediendo por una
humanidad necesitada.
La conversión a Dios que, junto con la oración, forma parte
esencial del mensaje de Fátima, “trae consigo -como señalábamos los obispos-
una esmerada solicitud por los pobres desde el encuentro con Cristo” (CEE,
Iglesia servidora de los pobres, 34).
Impulso evangelizador
4.- La Virgen utiliza un lenguaje sencillo con los videntes,
acomodándose a sus formas de hablar. Siguiendo la lógica de Dios (Cf. 1Co 1,
26-28), esta elección de los pequeños, de los pobres, de los insignificantes,
es una constante que se repite en las apariciones marianas, sobre todo en las
especialmente reconocidas de la época moderna. Está en total acuerdo con la
doctrina evangélica que los pobres sean los predilectos para entrar en el Reino
y que Dios escoge los lugares olvidados por los poderosos de este mundo. Así se
realiza el dicho evangélico: “Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la
tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has
revelado a pequeños” (Mt 11,25).
Qué gran recordatorio éste cuando la Iglesia en este momento
de la historia, en el pontificado del Papa Francisco y en continuidad con sus
últimos predecesores, está llamada a un nueva etapa evangelizadora (cf.
Evangelii Gaudium, 15).
La Virgen descubre a unos videntes sencillos y pobres que
los grandes acontecimientos de nuestro mundo están ligados a su fuente y raíz
más profunda, que es el corazón del hombre en su apertura o cerrazón ante Dios.
“Haced lo que Él os diga” (Jn 2,5)
5.- María, durante su vida en la tierra, sólo dirigió a la
humanidad una única palabra: “Haced lo que Él os diga” (Jn 2,5), y es muy
significativo que todo el mensaje mariano de las apariciones se reduzca a esta
sencilla afirmación, porque no hay nada nuevo en las embajadas de Nuestra
Señora.
María, en Fátima, llama –como su Hijo– a la conversión, a la
reconciliación, a la renovación de la vida cristiana, a la reforma de las
costumbres, a la oración y al sacrificio por la conversión de los pecadores o
en reparación de los propios pecados. Así lo recordaba el Papa Francisco al
señalar que en las apariciones de Fátima “María nos invita una vez más a la
oración, a la penitencia y a la conversión. Nos pide que no ofendamos más a
Dios. Advierte a toda la humanidad sobre la necesidad de entregarse a Dios,
fuente de amor y de misericordia” (Audiencia, 11-5-2016; cf. también Catecismo
de la Iglesia Católica, n. 67).
En comunión eclesial con el Papa Francisco, pastores y
fieles somos peregrinos en la esperanza y en la paz. Exhortamos a los fieles a
vivir con verdadero espíritu cristiano y afán evangelizador este acontecimiento
eclesial del centenario de las apariciones de Fátima y deseamos que se
renueve en todos la verdadera devoción a
la Virgen María, que “no consiste ni en un sentimentalismo estéril y
transitorio ni en una vana credulidad, sino que procede de la fe auténtica, que
nos induce a reconocer la excelencia de la Madre de Dios, que nos impulsa a un
amor filial hacia nuestra Madre y a la imitación de sus virtudes” (Lumen
Gentium, 67).
Finalmente, nos consagramos a Nuestra Señora de Fátima con
la misma oración que el Papa Francisco pronunció el 13 de mayo de 2013:
Bienaventurada María, Virgen de Fátima, con renovada
gratitud por tu presencia maternal unimos nuestra voz a la de todas las
generaciones que te llaman bienaventurada. Celebramos en ti las grandes obras
de Dios, que nunca se cansa de inclinarse con misericordia hacia la humanidad,
afligida por el mal y herida por el pecado, para curarla y salvarla…Custodia
nuestra vida entre tus brazos: bendice y refuerza todo deseo de bien; reaviva y
alimenta la fe; sostén e ilumina la esperanza; suscita y anima la caridad;
guíanos a todos nosotros por el camino de la santidad. Enséñanos tu mismo amor
de predilección por los pequeños y los pobres, por los excluidos y los que
sufren, por los pecadores y los extraviados de corazón: congrega a todos bajo
tu protección y entrégalos a todos a tu dilecto Hijo, el Señor nuestro Jesús. Amén.
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